Si esto que voy a contaros fuese la trama de una película no sabría si calificarla como terror, comedia romántica, drama o sobremesa de antena tres. Podríamos decir que tiene un poco de todo, pues empezó con un divorcio y acabó con un matrimonio, pero no de la manera en que os imagináis.

Resulta que mi hermano Fran (nombre ficticio) se divorció de su mujer por diferencias irreconciliables. Vamos, que han mantenido siempre una relación cordial, simplemente como pareja no funcionaban y decidieron cortar por lo sano antes de acabar a malas y de que afectara a mi sobrino. Pasado un tiempo, Fran comenzó a salir con una chica encantadora a la que llamaremos  Luz. Luz era colombiana, preciosa, simpatiquísima, cocinaba de muerte y hablaba perfectamente inglés, portugués y francés, pues había viajado bastante de trabajo en trabajo. En Francia se había casado, había tenido una niña tan encantadora como ella y, tras divorciarse de su marido, se vino a España en busca de una nueva vida. Conoció a mi hermano en un cineclub cuyas proyecciones y tertulias frecuentaban ambos, habían empezado a quedar por su cuenta y habían acabado saliendo juntos; además, los niños se llevaban genial entre sí, con lo cual todo iba de maravilla. No llegaron a irse a vivir juntos pero sí que pasaban bastante tiempo el uno en casa del otro, sin contar con que Luz se integró a la perfección con el resto de nuestra familia desde el primer día y no tardó en ser invitada a todos los planes familiares. 

Pues bien, la primera sorpresa vino después de uno de sus viajes a Francia, ya que su hija lógicamente pasaba temporadas allí con su padre y Luz solía aprovechar para quedarse unos días allí visitando a familiares y conocidos antes de regresar. Tras uno de estos viajes  organizamos una fiesta de bienvenida en la parcela de nuestros padres y se presentó allí con una niña de tres añitos a la que no habíamos visto nunca. Nos contó que era la hija de su hermana pequeña, que vivía también allí y que por motivos laborales viajaba mucho, y que había decidido traérsela a España para cuidar de ella y que de paso conociera a su nueva familia española. Y vale, sí, un poco pillado por los pelos, pero, ¿cómo no íbamos a creer a la buena de Luz? ¡Si era un encanto!

La niña pasó aquí cosa de un mes o así, y curiosamente solía referirse a Luz como ‘’abuelita’’, a lo que ella contestaba riéndose y corrigiéndola con cariño: ‘’no mi amor, yo no soy abuelita, soy tía Luz’’, porque es que hay que ver cómo son los niños, como la pobre apenas me ve…total, que pasó el mes, ella se marchó a devolver a la niña a su madre y a recoger a su hija y a lo tonto pasó fuera casi otro mes. Y así pasaron cerca de dos años en los que Luz iba y venía, ausentándose cada vez durante períodos más largos y congraciándose con nosotros a su regreso con regalos, anécdotas divertidas y cariño para todos.

 

Hasta que una de esas veces se fue de viaje y no volvió.

 

Habían pasado un par de meses sin noticias suyas, y cuando preguntábamos a mi hermano por su regreso nos respondía con evasivas y con excusas: que si la niña se había puesto enferma, que si tenía que resolver unos papeles, que si había tenido problemas con su ex-marido…en fin, que el resto de la familia nos dimos cuenta de que algo pasaba, algo que mi hermano estaba tratando de ocultarnos.

Le confronté cuando traté de escribir a Luz por whatsapp y me encontré con que ni me aparecía su foto de perfil ni le llegaban mis mensajes. Probé con Instagram y, al igual que con Facebook, la búsqueda no arrojaba resultados. Y ahí, mi hermano se rompió y me contó todo: había pedido matrimonio a Luz unos días antes de que ella se fuera, y ella le respondió que sí, pero que tenía que esperar a que resolviese unos asuntos en Francia. Le prometió que, después de eso, podrían casarse y no tendría que irse nunca más, y mi pobre hermano aceptó. Tras días en Francia sin aclararle cuándo iba a volver y evitando hablar con él en la medida de lo posible, le envió un testamento en el que le contaba no sólo que nunca se había divorciado, sino que las niñas a las que habíamos conocido ERAN SUS NIETAS, pues tanto ella como su hija habían sido madres bastante jóvenes.

Le dijo también a mi hermano que había viajado a España para trabajar y que sí, que se había enamorado de él, pero que tenía que entender que ella ya tenía una familia en Francia y que además su marido le había encontrado trabajo en el hotel en el que él trabajaba, por lo que sus viajes a España se acababan ahí. Que había sido muy especial para ella pero que adiós muy buenas. Antes de que él pudiera responder algo, le bloqueó de todas partes.

Os podéis imaginar el mazazo que fue no sólo para él, sino para toda la familia, porque realmente habíamos llegado a quererla mucho y a considerarla una más. Fue muy duro descubrir que alguien que había llegado a formar parte de nuestra vida nos había vendido una imagen completamente falsa, que nos había engañado durante tanto tiempo y que ahora se largaba así, sin más, sin importarle el daño que había causado a su paso. Como si hubiera sido un juego para ella.

¿Llegó a querer realmente a mi hermano? Tal vez sí, de una manera egoísta y retorcida, quién sabe. Mi hermano tardó mucho tiempo en levantar cabeza y necesitó años de terapia para ser capaz de confiar de nuevo en las personas, y no sólo a nivel de pareja, sino en general. Yo a día de hoy sigo sin entender que motivó a Luz a engañarnos de esta manera, si realmente estuvo enamorada de él o si de algún modo le parecía divertido regodearse en la cara de gilipollas que se nos iba a quedar cuando nos enterásemos de todo el pastel. Sea como fuere, no consigo comprender cómo puede existir gente tan cruel.

 

Relato escrito por Con1Eme basado en una historia real