El año pasado me vi inmersa en una discusión sobre los regalos del día de la madre y del día del padre. Yo decía que cada familia era libre de celebrar, regalar o festejar lo que quisiera, pero no veía bien que los colegios se metiesen en esos jardines. En contra, recibía opiniones de personas que decían que “de toda la vida” se habían hecho esas manualidades en los coles y “nunca ha pasado nada”. Yo, con calma, les contaba de mi compi, huérfano de padre, que lloraba cada año que le tocaba hacer la corbata de papel y decía “se la daré a mi abuelo si lo veo” y mi compañera con padres separados que pasaba meses sin ver a su padre que vivía en otro país y sufría tanto en aquellos días en que todas escribíamos tarjetas a los mejores padres del mundo. Por no hablar de la niña de la clase de al lado, hija de madre soltera, que se veía perdida cada año y todo el mundo se reía de ella cuando decía “es que yo no tengo papá”, “¿cómo no vas a tener? ¿eres hija de una paloma? Otra cosa será que tu madre no se acuerde de lo que hizo…” Muy bonito todo.

Mis ejemplos cercanos son todos casos del día del padre, pero me imagino que en otros centros habría también a la inversa… Recordé a mi vecina, a la que había visto vestida de negro bien pequeña cuando el cáncer la dejó huérfana de madre y me imaginaba su tristeza cada última semana de abril, cuando sus compañeros pintasen sus flores y ella reviviese su dolor en público.

Además de todo esto, podemos añadir en la actualidad a todos los modelos de familias. Hogares en los que las criaturas tienen dos papás y no tienen mamá o al revés. Familias monomarentales o monoparentales, familias con padres separados en los que los peques tratan a las nuevas parejas como mamás y papás también… Resumiendo, que ya hace mucho que, por fin, se habla sin tapujos de cómo son nuestras familias y no pasa nada. Por esto, estas celebraciones en los colegios han perdido sentido totalmente. Al menos a mi parecer.

El caso es que este curso, mi hijo mediano trajo un regalo hecho en clase para el día del padre. Una manualidad muy chula. Mi hijo mayor me miró preocupado y le dije que yo le ayudaría a hacer algo para su padre y le compraría algo de parte de ambos para su padrastro (que es padre de su hermana) para que le dieran los tres ese día. Como veis, mi familia también es una familia poco clásica. Yo pregunté a mi hijo mediano si sabía si todos sus compis tenían papá y me dijo que la profe había preguntado en clase antes de hacer la manualidad.

¿Os imagináis a alguna criatura levantando la mano y diciendo “Yo no” o “yo tengo, pero hace dos meses que no viene a verme”, “el mío está en la cárcel”? No, ¿verdad? Pues, obviamente, todos y todas dijeron que si e hicieron una figura muy chula, a pesar de que me consta que varias de ellas no han llegado a su destinatario todavía, después de meses.

Y esto no es lo que peor me ha parecido. Lo peor, desde mi punto de vista, fue ver cómo pasaba el día de la madre sin pena ni gloria, sin siquiera una mención. Supongo que la profe fue consciente de algún caso o que alguien se habrá quejado, pero el caso es que mi hijo llegó triste el viernes a casa y me dijo que no habían hecho nada para las mamás. Le expliqué que no pasaba nada, que yo sabía que me quería igual que a su papá y que seguro que mi marido tenía algo entre manos para que ellos me dieran. Pero mi hijo mayor, famoso por ser moralista como el que más, se indignó muchísimo. “Esto no es justo, porque si hicieron para papá ahora tenían que hacer algo para ti. Esto seguramente tenga que ver con la desigualdad de género ¿verdad?” Viendo cómo se estaba cabreando, no quise fomentar su enfado y charlamos durante largo rato sobre las diferencias a ojos de la sociedad entre ser madre y ser padre. Para ellos es algo nuevo, pues siempre nos han visto a los tres (a mí, a su padre y a su padrastro) trabajar en casa por igual, cambiar pañales por igual y tener el mismo reconocimiento por parte de la familia cercana. Pero sí se habían percatado de que mucha gente les dijera qué suerte de papá tenían porque los llevaba al parque y les cocinaba y no lo habían entendido.

Charlando con calma todo se entiende mejor, así que mis hijos pudieron hacer sus dibujos del día de la madre con su padre, compinchado con mi marido, para poder dármelos junto al regalito que él me había comprado.

Después de un rato reflexionando, mi hijo mayor me dijo “Mamá, estaba pensando que el género solamente debería ser importante para la gramática de lengua en el cole y nada más”. No creo que sea consciente de la magnitud de sus palabras, pero me sentí orgullosa de que piense así.

Este año he radicalizado mi opinión y, si antes estaba en contra, ahora estoy tajantemente en contra de los regalos de los días de la madre y el padre en los coles. Y mis hijos también.

Luna Purple.