Creo que este es el mayor reto al que me he enfrentado: Ser jefa siendo mujer, gorda y joven.

Ser jefa o tener mucha responsabilidad laboral no fue nunca un objetivo para mí. Si te soy sincera, simplemente fue ocurriendo, di con las empresas correctas en el momento adecuado y esto propició que poco a poco fuera escalando posiciones y alcanzara un “éxito laboral” antes de mis 30 años.

Me dedico al Marketing y a la Comunicación, son dos campos que me apasionan, cada día que me despierto para ir a trabajar disfruto y lo paso bien. Me gusta mi trabajo, siempre me gustó trabajar, sentirme productiva y tener una manera de canalizar mi creatividad de una manera que además me generara ingresos.

El caso, que a mis 27 años ya era responsable de Marketing con un equipo de 15 personas a mi cargo, con la responsabilidad y capacidad para gestionar personas que eso conlleva. Y mira te voy a decir una verdad como un templo: Ser [email protected] está MUY sobrevalorado. Un día te das cuenta de que has dejado de hacer todas esas cosas que te gustaban hacer para dedicarte a gestionar el trabajo o la creatividad de otras personas. ¿Y sabes qué es más jodido aún? Que te dejen hacer tu trabajo o que te dejen ser jefa siendo mujer, gorda y joven.

Si, has leído bien.

Nunca había pensado que estas tres cosas podrían ponerse en mi contra hasta que tuve un puesto de responsabilidad y me di cuenta de que: Un hombre, sea cual sea su forma física está preparado para ser jefe o tener éxito laboral. Pero una mujer no. Si un hombre (esté como esté) es director de Marketing, se da por hecho que sabe hacer su trabajo y nadie cuestiona sus habilidades. Pero si una mujer es directora de Marketing aún se necesita que demuestre que sabe lo que hace. Su puesto no demuestra que se ha ganado tu confianza, sólo se gana tu confianza cuando se mata a currar, renuncia a su vida personal y mete más horas en un gym que una bici de spinning.

Te cuento esto porque a lo largo de mi carrera profesional me he visto envuelta en varias situaciones muy desagradables que me han abierto los ojos y me han enseñado a tener que elegir mis batallas.

ser jefa siendo m

Batalla 1: Comida con socios rusos.

Recibimos una visita de unos socios rusos, unos distribuidores comerciales de nuestra marca en Rusia y les invitamos a comer. Teníamos pensado hablar con ellos de los planes de Marketing en Rusia, por eso acudí a la reunión y a la comida. Yo me encargaría de cerrar con ellos las especificaciones de Marketing en Rusia para el próximo año.

Cada vez que intentaba dirigirme al responsable ruso, él ni me miraba a los ojos. Hacía como que no existía y se le ponía un gesto en la cara, como si le molestara que le hablara de “tú a tú”. Directamente hacía como que no existía hasta tal punto que me interrumpió para preguntarle algo a mi jefe e intentar entablar una conversación con él cuando era conmigo con la que debía tener la conversación de Marketing.

Intenté tener esa conversación en 3 ocasiones pero el señor había decidido hacer como que yo no existía. Más tarde, mi jefe me dijo que el ruso le había pedido tratar todo personalmente con él. “Mira, en nuestro país, esto hacen las mujeres en marketing” Le dijo mientras le enseñaba en su móvil una foto de una chica en bikini de propaganda paseándose por una feria.

Batalla 2: La Conferencia

Debido a mi puesto de trabajo asisto a ferias, congresos y conferencias del sector en el que esté trabajando.
Bueno, nuestra empresa organizó un Congreso y yo asistí, claro. Asistimos muchas personas del sector, internacionales y nacionales. Como era mi empresa la que organizaba el cotarro a mí me tocaba hacer un poco de relaciones públicas también, relacionarme, hacer contactos… ya me entiendes. Con cada persona con la que hablaba intercambiábamos tarjetas, información profesional y ese tipo de historias.

¿Quieres que te cuente cosas curiosas que me han pasado en ferias aún asistiendo como directora de Marketing?

1- Un señor me pidió a ver si le podía guardar durante la jornada, su neceser en mi bolso.

2- Un señor me quiso dar un usb para que le sacara fotocopias de un documento que tenía en el pen-drive.

3- Un señor me pidió que le comprara una SIM con saldo para poner en su iphone y poder llamar a su casa.

4- Un señor me pidió, 2 horas antes de hacer su presentación, que le corrigiera posibles errores en tu presentación power point.

5- Un señor me pidió que le trajera un café con leche de avena y sacarina.

¿Cómo te quedas? Bueno, pues puedo enumerarte más de 15 batallas.

Este es un mundo que aún no se ha oxigenado, que aún sigue anclado en la desigualdad y el machismo pero ¿sabes qué? Cada vez queda menos. Siempre pienso que esto es algo que lleva su tiempo. Supongo que es una carrera de fondo y me lo repito mil veces en bucle para no explotar de ira.

¿Sabes cómo duele? Formarte durante años, poner todo tu potencial sobre la mesa para llegar a donde quieres. Un día, te dan esa oportunidad y aún así tienes que seguir demostrando día tras día, que dominas lo que haces. Y cuando te acostumbras a dar TODO lo que tienes, vienen dos gilipollas y te recuerdan que todo lo que has hecho no importa porque eres mujer. Si ya de por sí ser mujer es complicado imagínate cómo es ser jefa siendo mujer, gorda y joven.

No quiero ser mejor que nadie, no quiero sentarme a tomar té con Amancio Ortega o dominar el planeta. Sólo quiero hacer mi puto trabajo, ejercer mi puesto profesional para el que soy muy válida sin tener que luchar contra gilipollas que intentan convertirme en su camarera o secretaria.

Al principio sientes ira, impotencia, te cuestionas a ti misma, cuestionas tu valía profesional y personal y tardas días en salir de ese agujero. Cuando por fin la piel se te ha endurecido, cuando te has acostumbrado a tratar con gilipollas y te has acostumbrado a comer mierda por ser mujer, te empiezan a tratan como un puto ogro porque te defiendes, defiendes tu trabajo y a tu equipo.

A día de hoy, aún es muy complicado hacerse respetar profesionalmente siendo agradable y cercana con los hombres. Sobre todo con hombres entre 45 y 65 años.

Muchas veces me cuestiono que todo sería más sencillo si me conformara con otro tipo de empleo y no tuviera que poner la cara para que me humillen 100 veces. Pero luego pienso que alguien tiene que hacer esto. Que si me está tocando a mí es porque tengo la fuerza para plantar cara a los hombres que necesitan que les den una lección.
Así que por ahora, seguiré, desde mi humilde rincón en este mundo, y gracias a las mujeres que lo hicieron antes que yo, plantando cara para que las que vengan después, lo tengan más fácil. Así es cómo deber ser, por que si no lo hacemos nosotras ¿Quién lo va a hacer por nosotras?

M.Arbinaga