Sex & Love

El ‘amor de tu vida’ no existe

Seguro que a ti también te ha pasado:

Te has pasado la vida creyendo en eso del “amor de tu vida”. Las películas románticas de los 90 lo describían muy bien: de pronto tu mirada se cruzaba con la de otra persona y en ese momento sonaba una música apoteósica y triunfante. Luego de eso pasabas por un montón de peripecias que sólo afianzaban vuestro amor loco y te sentías horrible no, lo siguiente, cuando estabas lejos de él. Al final de la peli te dabas un beso con lengua con el chaval en cuestión, sonaban campanas de boda, colorín colorado, al amor de tu vida has encontrado. Fin.

Charlotte York, de Sexo en Nueva York, decía que sólo teníamos dos grandes amores en nuestra vida. Ni uno más.

Seguro que a ti también te ha pasado:

Te has imaginado al amor de tu vida tropecientas veces. Mientras te servías la cena y te veías un capi de lo que sea en Netflix, te imaginabas cómo sería. Pensabas que tendría tales y cuales cualidades, dónde viviría, que a ambos os gustarían los mismos bares y la misma música y la misma marca de macarrones y que os preguntaríais a menudo cómo carajos no os conocisteis antes. Quizá has pensado que ya lo conocías, pero que aún no os habíais dado cuenta. Tu corazón dio un vuelco: qué emocionante.

Y seguro que a ti también te ha pasado.

En algún momento has empezado una relación con alguien con quien cruzaste una mirada, con quien, en tu cabeza, sonó una música apoteósica, triunfante. Quizá superaste muchos obstáculos pero al final lograste estar con esa persona, en el mismo tiempo y en el mismo lugar. Y le gustaba la misma música, y los mismos bares, y compra los mismos macarrones, y os preguntasteis cómo carajos no os conocisteis antes.
Pero la relación terminó sin campanas de boda.
Sin dramas, sin momentos cinematográficos, sin nada. Termina, y punto.
Y te has quedado pensando si habías desperdiciado a uno de tus únicas dos oportunidades en la vida para tener un gran amor.

MIRA CHICA, NO.

Porque, ¿qué es “el amor de tu vida”, al fin y al cabo?

Luego de probar y equivocarme unas cuantas veces (y plantearme seriamente la fórmula de Charlotte York, y pensar “beh, este noviete no fue un “gran amor”. Fue un amor tamaño mediano. Y este otro pues tampoco. ¡Venga, que me queda uno!”) me he dado cuenta de que podemos ser perfectamente felices con un montón de gente.

Ahí está, lo he dicho. CON UN MONTÓN DE GENTE.

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Y que quede claro: creo en el amor. Y creo que es mágico, precioso, inconmensurable. Pero creo que hay muchísima gente de la que nos podemos enamorar. Muchísima gente a la que querer y con la que convivir. Muchísima gente que nos atraerá para follar, muchísima gente a la que querremos cuidar, muchísima gente con gustos parecidos a los nuestros y también con gustos diferentes, pero compatibles. Muchísima gente a la que podremos llamar familia. Muchísima gente perfectamente capaz de hacernos felices y que creerán que el sol sale por nuestro culo de lo muy enamoradísimos que estarán de nosotros. Muchísima. Ni nosotros somos tan raros, ni ellos son tan especiales. El amor no es eso: ni raro ni especial.

Lo difícil (y aquí está el truquete) es encontrar a alguien que esté exactamente en el mismo punto que tú. Piensa en por qué han fallado algunas de tus relaciones: estoy segura que algunas de ellas no han acabado precisamente por falta de amor. Quizá queríais cosas diferentes. Quizá teníais prioridades opuestas. Quizá estabais sumergidos en una serie de destiempos y no lograbais encontraros. Como os conté hace mucho tiempo, para que una relación funcione no sólo hace falta querer, sino estar a tiempo. Y esa es la verdadera putada. Pero hasta que lo intentas no lo sabrás, así que prefiero intentarlo (y querer, y enamorarme, y terminar hecha puré o hecha una maravilla) todas las veces que haga falta, sin atribuirle a ninguna relación las cualidades unicorniescas de “el amor de mi vida” que lo único que hace es hacernos menospreciar lo que viene después.

Quisiera pensar que lo del amor de la vida sólo se puede decir mirando hacia atrás, pero cuando nos parezcamos a esta señora:

Me imagino a mi abuelo pensando en mi abuela y diciendo que ella fue el suyo: mi abuela, la mujer que lo hizo feliz tantísimos años, a quien, incluso en la vejez, recordaba con mirada de hombre enamorado. La razón por la que se levantaba todas las mañanas, incluso cuando mi abuela ya no estaba: sentarse en su tocador y oler sus perfumes ya era mejor que cualquier cosa. Así, y sólo así, sí.

Ojalá que a todos nos pase.

 

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