¿Quién no ha tenido una víbora cerca? Y no, no me refiero de manera literal a una víbora, sino a una de esas personas que, si se muerden la lengua, se envenenan.
Yo tengo la teoría de que a lo largo de nuestra vida tenemos, al menos, a una persona así cerca durante un tiempo. Puede ser alguien de clase o el trabajo, una persona que parecía una amistad cercana y resultó no serlo, o un familiar. Pero, mínimo, hemos tenido que lidiar con una persona así. Y es agotador.
En mi familia hay una y de las gordas, de esas que cada vez que abre la boca, sube el pan. Y es que tiene una mala palabra, una crítica mordaz o un desprecio para cada cosa. Da igual que hayas hecho algo por ella, que llegues a saludar con toda tu buena cara y educación, lo que sea, que algo de mierda te caerá:
«Ese vestido te hace muy gorda».
«Vas demasiado maquillada, pareces una cualquiera».
«Buf, ¿para qué te afeitas? Ahora pinchas, no me des más besos».
«Seguro que me ayudas para cotillear lo que me pasa».

Y así un sinfín de frases. ¿Agota o no agota? Claro, luego se preguntará a ver por qué la gente deja de hablarla, por qué no tiene amigas cerca, por qué mucha gente de la familia nos vamos distanciando…
Y es que creo que las personas que son así, aparte de que llevan dentro una amargura que ni ellos soportan, comparten algunas características más. Porque hablando con gente cercana de personas así, al final siempre hemos llegado a las mismas conclusiones.
Son personas criticonas. Sí, porque da igual lo que hagas, que siempre van a criticarte. Van a ir a machete a por ti hagas lo que hagas. Da igual que un día diga que el negro te sienta mal y al siguiente te pones blanco para ver si le gusta. Tampoco le va a gustar. Y el verde tampoco.
Son personas egoístas. Nunca te van a dejar nada, ni van a pensar en nadie que no sean ellos y sus intereses. Da igual que seas familia cercana: ella siempre por encima. Y no te quejes, que entonces se avecina tormenta.

Son personas cotillas. Quieren saberlo todo de ti y no dudan en preguntar. Qué estás haciendo, cuánto cobras en tu trabajo, cuánto te ha costado un tratamiento dental… Lo que sea. Y sí, ¿adivináis lo que viene si contestamos? Una crítica. ¿Y si nos negamos? Tormenta de nuevo.
Y también son personas envidiosas. Si alguien cercano tiene algo, ellos tienen que tenerlo también, pero mejor. ¿La vecina se ha comprado un vestido en rebajas? Yo voy a por uno pero más caro. ¿Mi cuñada se ha hecho mechas en el pelo y le sientan bien? Yo voy a hacerme un súper tratamiento que se va a caer para atrás.
Y sí, todo eso que habéis leído, mi familiar lo hace. Y muchas más cosas que, por supuesto, me guardo para mí porque implica a terceras personas a las que adoro. Cuando me pongo a recordar ciertas cosas, siempre pienso… ¿es que no se da cuenta del mal que hace? ¿De que, además, eso solo va a hacer que se quede sola?
Por mi parte, es que nunca me apetece verla, hace mucho que no voy específicamente a verla a ella, sino que si la veo es porque ha coincidido. Porque paso de aguantar su amargura, de escuchar críticas y, encima, tener que morderme yo la lengua para no contestar como me gustaría. Por educación y respeto a los míos. Así que, lo siento mucho, pero yo no vuelvo.

Pero sí, algunas veces pienso que el día que se muerda la lengua, se va a envenenar. Porque tiene tanto veneno dentro, que algún día no podrá escupirlo y se lo tendrá que tragar todo.
Solo espero que, si habéis tenido a alguien así en vuestras vidas, ya no esté. Porque son un pozo de malas vibraciones, disgustos y cabreos. Y no os deseo nada de eso a ninguno. Bueno, a las víboras sí, que tomen un poco de su propia medicina, ¿no?