Uno de mis amigos se ha dejado seducir últimamente por ciertas narrativas. Se ha vuelto insoportable. Todo lo rebate, todo lo discute, todo lo cuestiona. Creo que ni siquiera se para a pensar lo que dice, solo siente la obligación de reaccionar a cualquier cosa que huela a lo que él considera “pensamiento único”. Porque, según él, hay una especie de fuerza oscura dictando cómo tenemos que pensar y qué tenemos que decir y, lo que no sea eso, es cancelado.
En una de nuestras últimas reuniones salió el tema de la gordofobia y de lo mucho que se critica a personas que se exponen en medios y redes sociales sin tener un cuerpo dentro de los cánones. Ni que decir tiene que él no considera que la gordofobia sea un problema real, solo una etiqueta creada por gente que gana mucha pasta creando un tipo de contenido.
Sus argumentos:
“De toda la vida ha habido burlas al que estaba gordito, o a la que tenía orejas de soplillo, o al que era bajito. No lo justifico, ni mucho menos, pero no sacábamos una etiqueta para cada cosa”.
“Es que ahora se censuran todas las opiniones y se normalizan cosas que tampoco es que sean muy normales. Una persona muy gorda no es una persona sana, por mucho que diga que sus analíticas están perfectas. Hay cosas que no salen en las analíticas. Pero ahora eso no se puede decir”.

Hubo un consenso general en medio de la conversación: lo mejor es no hacer comentarios sobre el físico de nadie, a no ser que alguien te pida opinión. Y él dijo que eso es imposible, que siempre hay algo que se dice sin intención de herir, y nos echó en cara conversaciones de días anteriores en las que hablábamos sobre operaciones de cirugía estética y atuendos de algunas famosas.
Lo que más me escamó fue cuando dijo:
—Hay personas a las que afectan más las críticas porque tienen inseguridades, o son más sensibles, o tienen alguna debilidad, es eso. Hay que aprender a pasar de los comentarios. Quien no sepa, que vaya al psicólogo o a donde tenga que ir para aprender a gestionarlo.
—Entonces, por lo que hablas, ¿tú crees que cualquier crítica se puede hacer y que la culpa es de las personas a las que les afecte porque son emocionalmente más débiles?
—Estás tergiversando mis palabras.
Hemos avanzado tan poquito que seguimos poniendo el foco sobre la víctima de los insultos. Me encuentro muchos mensajes que parecen empoderantes y animadores, pero considero peligrosos. Mensajes del tipo: “Te hace daño quien tiene el poder de hacerte daño” o “Tú decides quién te hiere”.

Al poner el foco en la víctima de un insulto, ignoramos al que insulta y, de algún modo, lo descargamos de responsabilidad. Yo creía que esto ya era obvio para todo el mundo, y resulta que no.
Resulta que hay gente que se molesta porque a alguien se le afee un comentario o una actitud que está mal. Tachan a quienes reprenden de “policías de la moral”, “seres que se sienten moralmente superiores” y otras cosas por el estilo. No sabía yo que estuvieran en entredicho valores universales como el respeto y la empatía.
Mi amigo es una persona inteligente, amable y divertida. Ya no estamos hablando de cuatro troles y niños ratas de internet, ni “cuñaos” en peligro de extinción. Estamos hablamos de gente decente que está atravesando ciertas líneas rojas. No sé cómo hemos llegado hasta aquí, pero me asustan estos niveles de egocentrismo, falta de empatía y poco tacto. “Puedo decir lo que quiera sin hacerme cargo de cómo se lo tomen los demás, y más aún si eso cuestiona el pensamiento único que nos quieren imponer. Que trabajen sus inseguridades”. Brutal. Vaya páramo de mundo se no está quedando.
Esse