Si tienes una relación, que no sea porque te sientes solo, ni porque echas de menos que te mimen los domingos por la noche, ni porque «ya toca», ni porque quieres tener a alguien a quien llorarle.

Si tienes una relación que sea porque estás a gusto con lo que tienes y quieres compartirlo, porque te sientes realizado y quieres regalar parte de tus sueños o porque compartir tu felicidad con otra persona es la guinda que le falta al espectacular pastel que es tu vida.

Si tienes carencias emocionales, pozos de rencor disfrazado de victimismo o tienes frustraciones personales, no cometas el error de iniciar una relación, porque joderás a dos personas.

Al principio la idealizarás como la solución a tus problemas, buscando cobijo en ella continuamente. Porque creerás que todo lo que necesitas es sentirte querido. Porque el amor todo lo puede.

Con el tiempo verás que tus demonios siguen ahí. Que quien te hizo daño está mejor que nunca, que sigues sin levantar el culo para buscar un trabajo mejor, que aún le echas la culpa a la rodilla de esos kilos de más que no quieres tener o sigues diciéndote a ti mismo que no tienes tiempo para hacer lo que sabes que necesitas hacer.

Todos podemos tener problemas, y la mayoría los tenemos. Económicos, familiares, laborales, sociales, personales y psicológicos, entre otros, no menos importantes.
Cada uno tiene sus luchas, y sólo las conoce bien quien las vive. Tener alguien al lado es muy positivo, inclusive una enorme ayuda, pero no puede ser la salvación permanente.

Tener una relación es algo opcional y por ende, la responsabilidad para ti mismo y tu pareja es estar bien, simplemente bien contigo mismo.

Entender la relación como el complemento perfecto para nuestra vida ya satisfactoria de por sí. Compartir tu vida con alguien siempre debe sumar.

Si no eres feliz en tu soledad, no podrás serlo independientemente de quien haya a tu lado. Buscar la felicidad en la otra persona es, posiblemente, condenarse a la dependencia emocional.

Intentemos ser la mejor versión de nosotros mismos. No voy a decir que te quieras, tu ya sabes que te quieres, pero cuídate.

Melba