Harta de ser la ex gorda
Toda mi vida he sido la «gorda». De pequeña era la «grande» de la clase, la que ocupaba más espacio en las fotos, de adolescente era el blanco fácil de las bromas… llegó la universidad y la cosa mejoró, pero en mi círculo cercano (sobre todo familia) los ataque eran tales que llegué a pensar que si no adelgazaba no iba a conseguir nada en la vida… Así que decidí adelgazar.
Afortunadamente, acudí a un profesional que no me hizo pasar hambre ni me obligó a dietas extremas. Simplemente, me enseñó a comer mejor. Como siempre había sido activa y hacía ejercicio, adelgacé sin problemas. Alcancé un peso «normal», o al menos “ese físico” que la sociedad considera aceptable (que no ideal).
Hasta aquí todo bien, ¿verdad? Pero, sorpresa: cuando adelgazas, las cosas cambian. Te tratan mejor (aunque nadie lo quiera admitir), y sí, es más fácil encontrar ropa que te guste y te quede bien (otro dato que todas conocemos, aunque también debería ser diferente). Pero lo que nunca me dijeron es que, desde ese momento, para los demás, todo iba a girar alrededor de lo mismo, que había delgazado.
Cada vez que me encuentro con alguien, escucho frases como: «¡Qué delgada estás! ¡Qué bien te ves ahora!» o «¡No te reconocí, estás tan delgada!». Es el pan de cada día. Nadie me pregunta por mi trabajo, mi vida, mis logros… todo gira en torno a mi peso.
Sé que la mayoría lo hace sin maldad, pero ¿en serio? ¿Es lo único que ven en mí? He estudiado dos carreras, soy independiente, tengo pareja… pero parece que lo más relevante para los demás sigue siendo que antes era gorda y ahora no. ¡Tengo espejos y báscula en casa, gracias!
El colmo es cuando te empiezan a pedir consejo. Y no solo para ellos mismos, sino para personas cercanas. Un día, la dueña de una tienda en mi pueblo me saludó con el clásico «¡Te veo genial!» y, cuando le pregunté por su hija, su respuesta fue: «Está muy gorda, a ver si un día le dices algo para que adelgace como tú». ¿Perdona? ¿Eso es lo único que te preocupa de tu hija? Yo quería saber cómo le iba en el instituto no que me contaras sobre su peso y me pidieras consejos para que adelgace.
Y aquí está el problema: ¿por qué el peso sigue siendo el tema central de conversación? ¿Por qué seguimos definiendo a las personas por su apariencia en lugar de sus intereses, sus logros o simplemente cómo se sienten? ¿Quién te crees pidiendo ayuda para que otra persona adelgace? ¡No tienes ni idea de por qué de ese cambio! A lo mejor hay una enfermedad detrás…
Si alguna vez te ves tentado a comentar sobre el cambio físico de alguien, pregúntate primero si realmente es necesario. ¿Por qué no preguntas sobre su trabajo, su vida, sus sueños? Es hora de que dejemos de centrarnos en lo superficial y empecemos a valorar lo que realmente importa.
Porque al final del día, todos somos mucho más que nuestros kilos y nuestro físico.
