Soy la amiga que siempre pregunta ‘cómo estás’, pero a la que nunca le preguntan

 

Soy la amiga que siempre pregunta ‘cómo estás’, pero a la que nunca le preguntan.

Y soy la que está siempre pendiente de los demás. La que está atenta a los gestos, a las caras, al lenguaje corporal. La que observa y estudia y analiza por si la respuesta que le han dado es un simple ‘bien’ que, en realidad, oculta todo lo contrario.

Soy la amiga que se sabe todos los cumpleaños y otras fechas importantes. Porque el Facebook nos recuerda cuándo tenemos que felicitar, pero no dice nada cuando es el aniversario de un acontecimiento desagradable o dramático. Soy la que sabe que enero no es un buen mes para ella, la que se pasó semanas despidiéndose de su padre justo después de las navidades. También la que se da cuenta de que hace tiempo que ella no habla con ilusión de un posible embarazo.

Yo soy la amiga que llama por teléfono con frecuencia. Incluso cuando a mí también me resulta más cómodo enviar un wasap en un momento y seguir a lo mío. Porque lo mío es preocuparme por mis seres queridos, aunque en muchas ocasiones sienta que no consigo despertar ese sentimiento en los que supuestamente son mis amigos.

Soy la amiga que siempre pregunta ‘cómo estás’, pero a la que nunca le preguntan
Foto de Stefan Stefancik en Pexels

Soy la amiga que siempre puede quedar. La que siempre está disponible, aunque no siempre sea cierto. La misma a la que le cuesta horrores organizar una quedada, porque todo el mundo tiene la agenda muy apretada. Soy la que se ofrece para comprar el regalo. La que escribe los christmas a mano, pero solo suele recibir gifs impersonales a cambio. Soy la que se curra el amigo invisible, la que se pasa días buscando el detalle perfecto para la persona que le ha tocado. Soy la que intenta tener en casa snacks y cerveza sin gluten por si al final él se anima a unirse. La que recuerda qué sitios evitar porque su ex suele rondarlos.

Soy la que a veces piensa que quizá da demasiado y, otras veces, se dice que no todo el mundo demuestra su afecto de la misma manera. La que se convence de que no pasa nada. De que no importa. De que me quieren igual, aunque su forma de preocuparse por mí sea menos evidente.

 

Soy la amiga que siempre pregunta ‘cómo estás’, pero a la que nunca le preguntan

 

También soy la que se cansa de no ser la prioridad de nadie.

La que un día, casi sin venir a cuento, revienta y deja salir toda la mierda que lleva años acumulando. La que se enfrenta a la incredulidad de los otros, la que tiene que explicar qué le pasa, cómo se siente y qué lo ha motivado.

Soy la que está agotada de tener que pedir que hagan por mí al menos una milésima parte de lo que yo hago por los demás.

Pero también soy la que aprecia el esfuerzo de aquellos que se molestan en hacerme ver un cambio. La que guarda en su corazón cada intento. Cada llamada de quien prefiere enviar un audio. Cada ‘cómo estás’ sincero de quien no le sale natural preguntarlo.

Y soy la que termina aprendiendo a distinguir con quién puede contar y con quién no. La que sabe que es mejor calidad, que cantidad.

La que siempre pregunta ‘cómo estás’, pero ahora es más selectiva al hacerlo.

 

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