Literal que mi rutina de cuidado facial se resume en:

Lavarme la cara

Crema hidratante del Mercadona  de 3 euros

Y oye no sé si es genética magia o negación, pero a mí no me va mal.
Pues nada esta semana ya van 3 personas (amigas, una compañera del curro y hasta la chica de la farmacia) que me han dicho “¿cómo que solo usas hidratante? ¿Y el contorno? ¿El serum? ¿El protector solar? ¿La doble limpieza? ¿El peeling enzimático de luna menguante?”

Y yo: ¿El qué del qué?
Perdón por no tener 17 botes alineados en orden cromático en mi baño.
Perdón por no tener una rutina facial, tengo una rutina vital y ya me cuesta mantenerla.

No es que no me quiera, es que entre el trabajo, la cena, el niño, bastante hago con no dormirme con el rímel puesto.
¿Mi contorno de ojos? Intentar dormir 8 horas.
¿Mi exfoliante? Frotarme fuerte con la toalla.

Me siento como si llevara años maltratando mi piel sin saberlo, cuando yo pensaba que lo estaba haciendo bien solo por hidratar.
Ahora cada vez que me echo la cremita de 3,50€ me siento como una villana de Disney que quiere arruinarse la cara a propósito.

Y ojo que no soy una salvaje. Entiendo que el skincare esté de moda y que cuidarse la piel no es solo una cuestión estética, también es salud. Hasta prometo empezar a usar protección solar todo el año, mira tú. Eso sí lo veo lógico, tiene sentido.

Pero, ¿no se nos está yendo un poco la olla con todo lo demás?

La presión es real.
Porque ya no basta con tener la piel limpia e hidratada, ahora parece que si no usas esencia fermentada de flor de loto cosechada por monjes coreanos en la cima de una montaña al amanecer, pues chica, no te estás cuidando bien.

¿De verdad es necesario?
¿O estamos convirtiendo algo tan simple como lavarte la cara en una competición silenciosa de quién tiene el neceser más caro y más largo?

No sé, igual me hago mayor o igual simplemente tengo otras prioridades, pero yo sigo pensando que una piel feliz también puede venir en un bote de 3,50€ del súper. Y que cuidarse está bien, pero sin volverse loca. Y ya ni entro en que esto esté llegando a niñas de 11 años que en vez de Barbies piden cremas a Melchor.

Porque al final, entre la crema, el serum, el contorno y la mascarilla de noche… lo que más falta me hace es una cosa: tiempo para respirar tranquila delante del espejo sin sentir que me estoy quedando atrás.

Y eso, al menos de momento, no lo venden en ninguna perfumería.

Anónimo

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