Hoy, en secretos inconfesables, me gustaría deciros que nunca, jamás de los jamases, he tenido una CITA.
Hablo de una CITA de verdad. De las de las películas. Una cita en mayúsculas.
En las pelis, chico conoce a chica, en cualquier circunstancia, y raudos y veloces quedan para cenar en un restaurante súper chic, con velas y violinista incorporado. De esos en los que te da miedo hasta respirar, no vaya a ser que te cobren un suplemento por aire gastado. El chico pasa a buscar a la chica, en un nuevo y flamante coche último modelo, que igual es prestado de algún amigo, pero ¡oye! Quizá esa chica es el amor de su vida, hay que aparentar lo mejorcito.
Se presenta, muy puntual, en su casa, con flores, y quizá hasta bombones.
Y se dirigen al restaurante.
Durante toda la cita, no paran de hablar, la conversación les surge de manera fluida y natural, sin cosas raras.
A veces hay excepciones. Cuando se trata de una cita a ciegas. En ese caso, puede que lleguen por separado al restaurante. Pero que cenan, cenan.
Y, generalmente, después de cenar se van a pasear a la luz de la luna por un parque lúgubre y solitario que, casualmente se encuentra al ladito del restaurante, pero que nadie mas decide pasear en él. Espera, que aquí creo que me he liado con el tipo de película…eso creo que lo vi en mentes criminales. Aquí, el parque es precioso, bajo un cielo lleno de estrellas, y con un río así pasando por el lateral.
Contadme, ¿Vuestras citas han sido así? Porque las mías no, ni de casualidad.
Mis citas, sobre todo las primeras, han sido siempre en una cafetería o en un pub, y a beber cerveza. Hayan sido una cita Tinder, una cita de la vieja escuela, con el maromo de turno que conocí en el bar el sábado por la noche, o el chico del inforchat con el que llevo hablando semanas. Siempre hemos ido a tomar una cerveza, o un café. Incluso cuando mi mejor amiga me ha puesto en contacto con quien ella ha considerado “el amor de mi vida”, que generalmente ha sido el mejor amigo de su pareja en ese momento, hemos quedado a tomar una cerveza. O una coca cola, cuando ni teníamos edad para beber. Por no mentir, creo que una vez quede para comer pipas en el parque. ¿cuenta como comida?
Ni siquiera una triste cita de adolescente en el burger.
Y ya no es por el dinero, pues he pagado a medias siempre. Es por el principio.
La primera vez que fui con mi marido a un restaurante “a tener una cita” ya fue meses mas tarde. Lo mismo con mi ex pareja. Como si no quisieran gastarse el dinero hasta saber que algo “más que una cena” va a salir de allí. Como si la cena fuera una inversión.
Una vez más, me pregunto si es que los hombres de mi alrededor son todos raros, o si es la norma general fuera de las películas.
No sé, ¿Soy la única a la que le pasa esto? Sera por aquello que dicen de mal de muchos, consuelo de tontos, pero me sentiría mejor si supiera que hay más incitables por ahí como yo.
Andrea M.
