En mi casa siempre han dicho que yo soy muy cabezona. Que hago lo que quiero, que no me dejo influenciar… pero claro, eso está muy bien mientras lo que yo quiera coincida con lo que ellos esperan. En el momento que no, ya empezamos con el drama.
Y ahí entró él.
Más testimonios reales en whatsapp
Gitano, guardia civil… y para colmo, menos metido en la cultura gitana que mucha gente que ni lo es. Vamos, que no encajaba en ningún estereotipo… excepto en el que peor les venía a todos: el de “mi novio”.
Nos conocimos sin más, nada especial. Ni feria ni nada romántico. Un día coincidimos, empezamos a hablar, nos reímos de cuatro tonterías… y ya. Y al poco ya estábamos como Marisa y Pepe de “Escenas de matrimonio”, discutiendo por cosas absurdas pero luego tan normales. Mala señal, porque eso engancha.
El problema no éramos nosotros. Nosotros bien, como cualquier otra pareja. El problema eran las familias, que madre mía…
En mi casa empezó el show con el mítico:
—Yo no soy racista, pero…
Y ahí ya sabes que lo que viene detrás de ese “pero” va a ser peor.
—Pero hija, ¿tú sabes dónde te estás metiendo?
—Pero esa gente luego tira siempre para los suyos
—Pero es que no es como nosotros, no nos engañemos
Y ya el remate:
—Es que te estás complicando la vida tú sola
Que es básicamente “búscate otro y déjate de historias”.
Y lo dicen con sutileza, como si no se notara, pero se nota TODO. Cada comentario, las caras de culo, los silencios raros en la mesa…
Y por el otro lado tampoco es que estuvieran encantados conmigo, eh. Que parece que solo es cosa de mi familia y no.
Algún familiar le soltó lo de:
—Ahí no hay honra
Como si yo fuera un producto defectuoso.
Pero luego venían más finos:
—Las payas vienen y van, esto no es serio
—Esa no es mujer para formar familia
—Te estás olvidando de lo que eres
Y alguno ya sin filtro:
—Luego no llores cuando salga mal
Encima él tampoco es el gitano “típico” que ellos esperan, por decirlo de alguna forma. Va a su bola, pasa de muchas cosas… y claro, eso tampoco gusta. Así que al final éramos como doble problema: yo por ser paya y él por no ser “suficientemente” gitano en su casa. Pero en la mía él por ser “demasiado” gitano y yo por inconsciente.
Un cuadro.
Lo más ridículo es que mientras las familias estaban con el tema cultura, honra, no sé qué… nosotros discutiendo por cosas normales:
—Tío, siempre llegamos tarde por tu culpa
—¿Perdona? Si llevas media hora cambiándote de ropa
La vida real, vaya.
Intentaron juntarnos a todos alguna vez, en plan comida “para arreglar las cosas”. Pero aquello era incomodísimo. Mi familia sonriendo en plan falso, la suya hablando alto, como marcando territorio… y de repente:
—Bueno, a ver cuánto dura esto
Y otro:
—Sí, esto es muy bonito al principio
Y tú ahí, con el tenedor en la mano pensando “de verdad, que alguien tire la mesa y acabamos antes”.
No se arregló nada, obviamente.
Pero con el tiempo se cansaron. No de nosotros, sino de discutir todo el rato. Que bueno, ya es algo.
Siguen soltando comentarios, eh. Que no se han vuelto de repente abiertos de mente ni nada (por ninguna de las partes). Pero ya no es cada cinco minutos, solo de vez en cuando. Como recordatorio.
Y nosotros seguimos, porque nos queremos y estamos muy bien juntos. Y porque mira… después de todo lo que hemos aguantado, dejarlo sería como darles la razón. Y paso.
Al final lo nuestro es bastante simple, aunque lo compliquen. Lo difícil no es la relación, es todo el público opinando alrededor.