«¿Tienes hobbies? Pensaba que eras madre…»

Esta perla me cayó hace unos meses, en una comida familiar. Lo increíble es que no fue con mala intención. Fue casi con sorpresa genuina.

Yo acababa de contar que me había comenzado curso online de pilates, por eso de tonificarme un poco yo qué sé. Y de la forma más inocente conté que estaba pensando en retomar algo que siempre me había apasionado, el piano.

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Y entonces llegó la pregunta: “Pero ¿Tienes hobbies? Pensaba que eras madre”

¡Olé tus huevos morenos! Me reí por educación, pero no te voy a mentir, por dentro algo se rompió.

Desde que soy madre he notado un cambio MUY POCO SUTIL en cómo se perciben mis decisiones.

Si digo que estoy cansada, la respuesta es: “Claro, es lo que toca”. Si digo que quiero crecer profesionalmente, estudiar algo nuevo o simplemente reservar dos horas a la semana para mí, entonces aparecen las miradas raras. Como si estuviera rompiendo una norma no escrita. A veces parece que lo mejor que una puede hacer es no decir nada y disociar.

Parece que, cuando te conviertes en madre, tu identidad debe reducirse a una sola palabra. Madre.

Tus hobbies pasan a ser “caprichos”. Tus ambiciones, “excesos”. Tus ilusiones, algo que deberías haber archivado en el cajón de la vida anterior.

Pero nadie le pregunta a un padre si tiene hobbies “a pesar” de serlo. Es más, mi marido además de tocar en un grupo, es un gran aficionado a los videojuegos. ¿Crees que alguien cuestiona que debería dejar sus hobbies? Te respondo: NO

Después de la pregunta me salió del alma: “Sí, soy madre. Y también soy muchas otras cosas”.

Hubo un silencio incómodo. Porque a veces lo reivindicativo no es gritar, sino simplemente afirmar lo evidente.

¿En qué momento ser madre es equivalente a no tener sueños? La maternidad no ha borrado mis ganas de aprender, de crear, de trabajar, de tener proyectos propios. Al contrario: en muchos aspectos las ha intensificado.

Quiero que mis hijos crezcan viendo a una mujer que se cuida, que se desarrolla, que se ilusiona. No a alguien que se anuló en nombre del amor.

No sé, igual soy yo, pero para dramas tóxicos ya tenemos Pasión de Gavilanes.

Además me parece un mensaje peligroso: que la buena madre es la que se sacrifica en silencio. La que no se queja. La que no quiere nada para sí misma. La que vive exclusivamente para sus hijos. Y si un día decides salir a hacer deporte, quedar con amigas, montar un proyecto o estudiar un máster ya habrá alguien que te lance “Pero ¿Tienes hobbies? Pensaba que eras madre”

Yo también he sentido culpa. He pensado: “¿Debería estar dedicando este tiempo a otra cosa?”. Pero con el tiempo he entendido que tener hobbies no me hace menos madre. Me hace una madre más completa, más feliz y más equilibrada.

Ser madre es una parte enorme y preciosa de mi vida. Pero no es la única.

Y no debería ser un requisito renunciar a todo lo demás para demostrar amor. Tengo hobbies. Tengo ambiciones. Tengo planes que no incluyen mochilas ni dibujos animados. Y no pienso pedir perdón por ello.