Amor & Polvos

Tinder sorpresa: La princesa hidrófoba

Mi historia de miedo, nervios, ansiedad, frustración, investigación, experimentación y final [CENSURADO – NO SPOILERS] empieza más o menos como todas las pelis de Disney: con una princesa (yo; sí, permiso para reírnos, con lo puto fina que soy) que se va a encontrar con su príncipe azul (un barrendero que gusta de joderse la clavícula y el fémur cuando hace el salvaje y se tira por el monte en bici y luego volar, de forma tanto literal como figurada, con el chute de la morfina mientras es rescatado en helicóptero). Por fin ambos se iban a citar.

Para que el momento fuera mágico y pudiera ganarme los favores del príncipe, yo, como princesa, debía de estar no sólo presentable, sino divina. Debía poder verse que era digna del príncipe y que yo también tenía sangre azul. No, no os preocupéis, no me puse manos a la obra con cierto tipo de autoasfixia, en este caso no erótica, para provocarme una cianosis causada por la hipoxia; simplemente tenía el cuero cabelludo seco y con descamación. De todas formas, un problemón (y encima rima).

En mi brillante mente e infinita sabiduría, sumé 2 y 2, y me salió 4: si cuando una tiene piel seca, se unta vaselina y todo mejora, ¿por qué no en la cabeza? Una solución totalmente lógica, por supuesto. Una mascarilla de vaselina. Me la pondría y dejaría que actuara por la noche.

Infinita sabiduría, ¡ya! ¿Y qué ocurre cuando alguien es tan lista? Que se pasa de lista y llega a ese punto de “tanlistaquerestontaniña”. Aviso para las iluminadas como yo: ¡la vaselina NO se quita nada fácil con agua y jabón! ¡ACHTUNG, ALARM! Es aquí cuando empieza la fase de miedo, al recordar la cita que me esperaba. ¿Cómo coñ* iba a presentarme con el pelo en ese estado entre guarro y graso (¿guarrograso?)? Ansiedad. ¡Lávatelo! Frustración. Derrota…

La fase de investigación era la que seguía si no quería comerme con patatas una de absoluto y miserable fracaso, así que fui a la biblioteca de nuestro tiempo, es decir, a internet, y descubrí que la vaselina es, básicamente, parafina hidratada. ¿Qué narices quiere decir eso? Pues que es una cera, y la cera es hidrófoba. Al intentar lavarme con agua y jabón, la vaselina la repelía y no conseguía nada.

Experimentación: la solución óptima habría sido lavarme con jabón seco, o al menos sólo con jabón primero antes de pasarme agua, pero la que encontré y seguí fue lavarme tres veces con polvos de talco, y todo para que quedase sólo medianamente decente. Creo que para entonces ya desistí de parecer una princesa. Quizá debí probar lo de la autoasfixia, pero me tuve que conformar con ir a la cita con el pelo todavía algo grasillo y apelmazado.

Y ahora sí, ya no hace falta aguantar más el spoiler del final: éste fue feliz. Me lo ligué y ahora el barrendero melón, aunque sigue siendo un melón, es mi melón. El pelo graso y apelmazado no obstaculizó mi infinito encanto y dotes de seductriz experta. Y más le valía a él, porque si no le hubiera gustado, ¡pues que le den!

Moraleja: recordad, chicas; los experimentos sólo con gaseosa, o al menos procurad que la investigación venga antes de la fase de ansiedad y frustración.

Irene.

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