Hay experiencias en la vida que jamás podrás borrar de tu mente y hoy voy a hablar una de ellas. 

Tinder ha sido mi salvación desde que me mude a Alemania por trabajo. Gracias a las redes sociales y a compañeros de trabajo, he podido relacionarme un poco socialmente. Lo cierto es que me siento bastante cateta con el idioma y a veces la lío parda con ello.

De entre mis conquistas de la aplicación, he sumado a un nuevo fichaje. Me llamaba la atención que no quería definirse ni como chico ni como chica, comentaba que siempre se dejaba fluir y que le interesaba muchísimo el aura de la persona con la que hablase. Yo, que soy algo mística, le dije que le comprendía totalmente.

 

Cuando vivía en mi ciudad, tardaba en quedar con la gente porque me hacía la interesante, y mucho más si no tenían fotos suyas en el perfil. No es por ser superficial, sino porque no te puedes fiar de nadie. Estando fuera de mi zona de confort, me lanzo a todo. 

El día que quedamos, mientras estaba esperando, me llegó un audio en el que decía que se retrasaba un poco. Él había visto fotos mías, pero yo no, así que le pregunté cómo era. Su audio fue breve, solo me dijo: soy furry. 

Para que veas lo petarda que soy, creí que me había dicho que era ‘foodie’. Pensé que qué tendría que ver eso con su aspecto para poder reconocerle. Una persona lógica hubiera buscado en internet lo que quería decir esa palabra, pero yo no. 

Cuando me veo que un peluche gigante se acerca a donde yo estaba, dice mi nombre, asiento y me dio un abrazo, casi caigo muerta. Te mentiría si dijese que no me pareció raro ir del brazo de un dibujo animado de dos metros, pero tiene su aquel.

Conocí al resto de sus amigos y me sentí como la prota de una peli de Disney en la que los animales del bosque van a socorrerla. A mi lado habían osos, ardillas, lobos y otros animalitos con colores llamativos que no supe descifrar.

El bar al que me llevaron me encantó. No era la única humana mundana por allí, pero yo no me separaba de mi amigui. Bailamos, reímos, bebimos y hasta nos sedujimos. Me encantaría decir que nos besamos, pero yo besé a su ‘identidad’, pero sí que toqué un poco y es interesante lo que se esconde por ahí abajo.

No se lo he comentado a casi nadie por evitar comentarios que no quiero oír, pero me apetece conocer más a esta persona. Me divertí y me parece interesante su forma de expresar su personalidad, pero también me interesa descubrir qué hay debajo de tantas capas de tela de algodón. 

 

Anónimo

 

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