padre e hija paseo
Amor & Polvos

Tinder Sorpresa: No sin mi hija

 

Voy a empezar con mi relato por el final, es decir, por la moraleja. El principal y único consejo que mi Tinder-cita con Edu me ha enseñado es que jamás-nunca-never, reveléis a ningún match por qué estáis en Tinder.

O lo que es lo mismo, vosotras a lo vuestro y con la sinceridad por delante, pero si algún maromo curiosete os hace la pregunta del millón de ‘¿y tú qué buscas en esta aplicación?‘ de verdad, no respondáis. Os lo digo con el corazón en la mano, y ahora sí, empiezo con mi historia.

Dos años aproximadamente llevaba livin‘ la vida loca. Me había hartado de la monogamia y decidí disfrutar de mi cuerpo y de todo hombre que me hiciese ‘tilín‘ sin tener que darle explicaciones a nadie. Salía de fiesta y ligaba, usaba Tinder cuando me apetecía, quedaba con algún follamigo… Era la abeja zumbadora que iba de flor en flor libre como el viento.

La cuestión fue que todo el sexo está muy bien pero un buen día mi cuerpo empezó a solicitar amor y cariño. Parece que los cientos de orgasmos que le había regalado no eran suficientes, y de pronto empecé a echar de menos los mimitos, las tardes de domingo de sofá-peli-manta, las citas para conocer a alguien en serio… De nuevo necesitaba estar in love con alguien, así que cambié el chip de folladora salvaje a dulce pastelito enamoradizo.

Decidí no eliminar Tinder de mi móvil y de mi vida, había conocido a chicos muy interesantes y majetes gracias a la aplicación así que me dio un poco de pena enviarla directa a la papelera de reciclaje.

Y en una tarde de aburrimiento, conocí a Edu. Cotilleaba perfiles mientras veía como el diluvio caía sobre mi ciudad cuando di con una de las fotografías del que en unos minutos sería mi nuevo match. Era un hombre súper atractivo, algo mayor que yo y por lo que explicaba en su descripción muy formal y con las ideas muy claras.

En seguida lo pensé, ‘este es el hombre que necesito en mi vida, mi cuerpo me pide un Edu claramente‘. Por lo que sin pensármelo dos veces empecé a hablar con él a través del chat. No me decepcionó ni un poquito. Efectivamente Edu era ese chico asentado y maduro que decía ser en su perfil.

Hablamos durante horas aquella tarde, y a ese sábado lluvioso se sumaron muchas más noches de conversación. Mi nuevo Tinder-ligue me hablaba de su vida, de su trabajo, sus aficiones… hasta que un buen día hizo la pregunta del millón.

Sé sincera conmigo, ¿qué estás buscando?

Y claro, yo me vine arriba (mucho) y ya me imaginé paseando de la mano de aquel hombre magnífico e incluso casándome. Que se me fue la olla a la estratosfera y todavía estoy esperando que regrese. Así que escribí sin cortarme:

Estoy harta de historias de una noche, estoy buscando una relación seria y estable‘.

 

Para mi sorpresa y alivio Edu no salió corriendo como hubieran hecho muchos otros. Es más, pareció estar mucho más conectado conmigo y desde ese instante se sinceró al cien por cien. En apenas unos minutos ya me había contado que estaba divorciado y tenía una hija de tres años a la que adoraba.

No quise darle demasiada importancia a toda la información. Es más, valoré un montón que quisiera hacerme partícipe de toda su realidad y dejé ahí los detalles como si no fueran conmigo.

Pasaron los días y vimos necesario quedar. Nunca antes había hablado tanto con un chico vía Tinder. Tenía la impresión de que nos conocíamos de toda la vida y estaba mucho más nerviosa que en otras ocasiones.

Para mi sorpresa Edu me propuso quedar en un parque cercano a mi casa. Lo cierto es que lo consideré súper original y hasta romántico (lo sé, yo estaba tonta perdida). No me quiso comentar cuál sería el plan para aquella tarde, así que me vestí informal pero arreglada y me dirigí a nuestro punto de encuentro.

En seguida localicé a mi cita. Era alto, más de lo que imaginaba, y tenía ese porte de madurez que tanto me ponía. Y también rápidamente pude ver la imagen que más me desconcertó… Edu empujaba un columpio en el que estaba divirtiéndose una niña pequeña. WHAT?!

Dudé en si acercarme o salir huyendo de allí. Él todavía no me había visto y yo ya tenía claro que aquella no iba a ser una tarde para dos. ¿Cómo se le había ocurrido tremenda idea?

Me acerqué nerviosa y Edu pronto pudo verme en la entrada de la zona infantil. Como las balas bajó a la pequeña del columpio y con ella en brazos se acercó a mí.

Hola guapísima, estamos encantados de conocerte en persona‘ dijo animando a la pobre niña desconcertada a saludarme.

Quería que me tragase la tierra, de veras. Aquel era un hombre hiper encantador, pero mi plan para aquella tarde de domingo no incluía ni muchísimo menos a una cría de tres años entre nosotros.

El planning de Edu estaba más que pensado. Tras un ratito más en el parque cambiamos de ambiente para irnos a un local de bolas (¡Ey! Con cafetería incluida). Mientras su criatura se lanzaba por los toboganes a punto de desnucarse un par de veces, Edu intentaba conquistarme. Yo a cada minuto estaba más incómoda, cada vez que me animaba a lanzarme un poco a hablar de nosotros aparecía la peque pidiendo la atención de su papá.

Pero quizás lo que ya destruyó por completo todas mis esperanzas con aquel buen hombre fue una de las pocas conversaciones que pudimos mantener esa tarde.

Entonces, ¿te verías como una segunda mamá para María?‘ me espetó en la cara acariciando mi mano sobre la mesa.

El zumito de piña que tenía en la boca en aquel momento casi me sale disparado por la nariz. Aparté mi mano bruscamente y tuve una taquicardia. ¡Colega! ¿Qué me estás proponiendo? ¡Si nos conocemos hace una semana!

Inventé una de las peores excusas del mundo, quizás porque quería que Edu fuese consciente de que la había cagado con aquel plan familiar para una primera cita, y salí corriendo de aquel establecimiento después de decirle adiós con la manita a la peque (que poca culpa tenía ella de todo aquello).

De camino a casa quise reírme y llorar a la vez. Edu me escribió esa misma noche totalmente perplejo por mi bomba de humo en el parque de bolas. Yo realmente esperaba que su explicación fuese que no había podido dejar a la niña con nadie aquel día y de ahí el plan familiar. Pero no. En serio que mi match quiso que su primera (y única) cita conmigo incluyese a su churumbel.

Todavía sigo sin entender a Edu y sus prisas por hacerme madrastra. Desde entonces no cuento a nadie mis objetivos en Tinder. Quiero conocer chicos, no dejar la soltería para ser madre de familia de la noche a la mañana, por favor.

Fotografía de portada

 

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