Siempre he tenido sobrepeso. Siempre. A veces más exagerado, entrando en la obesidad, y a veces menos.
Toda mi vida, desde la adolescencia, he estado acomplejada por eso. Cuando mis formas de mujer se empezaron a desarrollar, intentaba esconderlas por todos los medios, porque se desarrollaban mucho. Mi presencia siempre se ha hecho notar, porque mi cuerpo ocupa un volumen en el espacio considerable, sobre todo si me comparabas con las muñequitas que eran mis compañeras.
He hecho mil dietas que he acabado abandonando por cansancio, hartazgo o desmotivación. Y siempre, lo que había conseguido perder, lo recuperaba, incluso a veces lo superaba. Porque muchas de las dietas que probaba lo único que conseguían era un efecto rebote importante.
He probado a contar calorías, dieta cetogénica, dieta DASH, ayuno intermitente, reemplazo de comidas por barritas sustitutivas. Incluso estuve una temporada con el Herbalife. Sí, perdí un montón de peso, pero en cuanto dejé los batidos (por un tema económico, porque tela lo caro que es), irremediablemente recuperé todo el peso perdido.
Lo más curioso es que cuando perdí más —veintidós kilos— yo estaba súper motivada y me vestía de una manera que a mí me parecía más elegante y provocativa, ya que no me importaba enseñar mi cuerpo. Iba con ropa más ajustada y con menos capas encima. Pues fue mi época de más sequía sexoafectiva. No sé si es porque delgadas ya hay muchas y yo no destacaba, pero no llamaba la atención en absoluto.
En cambio, cuando he estado con todas mis curvas y sus redondeces en su máximo apogeo y yo las intentaba disimular de todas las maneras que se me ocurrían, ha sido cuando más he triunfado. Por lo visto, mi perfil no es de persona delgada. Debe ser que dan cuenta de que soy una falsa delgada. Que soy una gorda de espíritu encerrada en un cuerpo esmirriado.
Al parecer, mi perfil triunfador es de gordita sexy. Porque me han dicho más de una vez, cuando he estado llenita, que aunque ni yo misma me dé cuenta, soy toda sensualidad. Yo, que siempre he intentado esconderme lo máximo posible.
Les encanta apretar mis carnes, palmear mi culazo, enterrar la cara en mis senos más que generosos, que mis grandes muslos rodeen sus caderas, que mis brazos se cierren en torno a su espalda. Incluso ha habido alguno que le encantaba amasar mi barriga, como si fuese una masa de pizza que hay que preparar antes de cocinarla.
Así que, cuando más tranquila estoy con mi cuerpo, menos agrado. Y yo sé que me tengo que gustar a mí. Pero la verdad es que cuando me he puesto a dieta ha sido más para encajar en la sociedad que por pura motivación personal.
Sí, estoy sana. Tengo una analítica estupenda. Para los que me dicen que tengo que adelgazar por salud. Pero me estoy planteando olvidar de manera definitiva las dietas. Intentar comer sano pero disfrutar de mi vida y de mi cuerpo.
Me va a costar, porque llevo toda la vida tratando de esconderlo, pero quiero darle la oportunidad a este cuerpecito mío de disfrutar de todo lo que le puedo ofrecer.
Envía tus movidas a [email protected]
