Siento que algo muy malo he debido hacer en otra vida, para que el karma me obsequie con la maldición que tengo encima, porque en esta vida ya os digo que no he hecho yo nada que justifique semejante castigo.

Entré en mi empresa a trabajar hace cinco años. Desde el principio me sentí súper cómoda, muy bien pagada y muy contenta con mi trabajo. El ambiente laboral era chulo y hasta salíamos a veces a tomar cervezas al acabar el turno. La verdad es que me sentí durante mucho tiempo muy afortunada porque para colmo de cosas buenas, me enamoré de un compañero y comenzamos una bonita relación.

Estuve cuatro años con él, de los cuales más de tres viviendo juntos. Todo iba como la seda hasta que entró una compañera nueva. La chica en principio me cayó genial y se integró muy bien con el grupo, con nuestras quedadas incluidas. Pues bien, en una de esas quedadas, a la que yo no asistí porque tenía que acudir a una cita médica, parece ser que mi chico y ella se acercaron más de la cuenta. Yo notaba que posteriormente, él la miraba, como que de pronto le interesaba, hablaba mucho de ella… incluso le llegué a preguntar abiertamente si ella le gustaba, pero me lo negó rotundamente.

Al poco tiempo, una tarde, él se fue a jugar al pádel y yo aproveché para salir a comprar, y de estas cosas que a veces ocurren en la vida por pura casualidad, fui a un súper al que no suelo ir.  Me extrañó ver el coche de mi chico aparcado por esa zona y lo llamé, pero no me cogió el teléfono. Me acerqué y me los encontré besándose, cuando él incluso se puso la ropa deportiva y salió con su botella de agua y su pala para supuestamente, jugar al pádel. Puto mentiroso de mierda.

Imaginad mi cara, y mi corazón. Les aporreé el cristal y desde entonces, el que era mi novio, ahora es novio de ella. Pero lo peor no es eso, que ya de por sí es terrible que te sean infiel de una forma tan ruin y que encima sea con una compañera. Ni que todo tu plan de vida y de futuro, como teníamos, se vaya al traste. Lo peor con diferencia es tener que comértelos con patatas a diario, en el trabajo. Porque sí, efectivamente la pareja de tortolitos trabaja conmigo y ahí no hubo margen a reponerse: eso pasó un día y al otro estaba yo viéndolos en la máquina del café haciéndose carantoñas.

Tengo que escuchar a diario sus planes, sus chistes, sus detalles románticos. Sé que se han ido a vivir juntos y que les va bien. A mí no me hablan directamente ni yo a ellos, pero compartimos espacio ocho horas al día, así que, quiera o no, me empapo de todo lo que les rodea.

Es un puto castigo divino, estoy convencida. Casi a diario me planteo si me merece la pena seguir allí, porque el consejo (obvio) de todo el mundo, fue que dejase el trabajo. Pero no lo he hecho porque tengo unas obligaciones económicas que cubrir, como todo hijo de vecino, y porque como os dije al principio, me gusta mi trabajo y gano un buen sueldo. El tema del ambiente de trabajo, como es lógico, ya no me gusta tanto.

En fin, que me estoy dando un margen lógico de tiempo para asimilar todo esto, imagino que de tanto verlos terminaré normalizándolo, pero entre tanto, os juro que cada vez que me dirijo al trabajo, siento que me ha caído un castigo divino.

 

Anónimo

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