Estoy en mis veinte y largos, soy soltera, lo que quiere decir que he tenido mi buena dosis de primeras citas. Como propósito para el año dos mil veintiséis me he propuesto escoger mejor, y quería compartir mis experiencias más traumáticas con especímenes masculinos en esas primeras citas. Forma parte de mi ritual para soltar lastre y atraer lo que merezco y deseo para este nuevo año.

Vamos a ponerle títulos para hacerlo más teatral.

La flor de loto apestosa

La cita iba bien: comimos mexicano, tomamos margaritas, bailamos y después fuimos a su casa para un ambiente más privado.
Pero su casa olía mal. Mal de verdad. No “un poco mal” o “mal regular”. Olía a mierda.

El misterio se resolvió cuando le pedí usar el baño. Todo parecía normal… hasta que tiré el papel. Sin ánimo de ser demasiado gráfica: el chico había cagado, no cerró ni envolvió bien el papel, y al abrir el wc te recibía el papel abierto como una flor de loto con el pegote de caca en el centro.

Me fui a mi casa después de eso. Tenía el estómago revuelto y la libido a cero.

Que a todos se nos puede pasar tirar de la cadena pero… ¿si entras en casa y huele a mierda no vas directo a mirar?

Vergüenza en la pista

Esta es menos asquerosa pero más vergonzosa.

El chico era americano, muy estereotipo: alto, rubio, guapo. Mi respuesta cuando me invitó a salir fue un rotundo “SÍ”. Y cuando dijo que quería que fuéramos a bailar pensé que mínimo, sería decente moviéndose.

No tengo palabras para describir lo malo que era.  No coordinamos ni un solo paso. Él se movía incómodo, rígido, como si estuviera poseído por un tronco. La gente nos miraba, se reía, yo le pedía parar y él solo quería seguir haciendo el ridículo.

¿Sabes ese momento incómodo de saludar a alguien y no sabes si va beso, abrazo o mano?
Pues TODO el jodido rato fue así.

La peor cita de mi vida. ¿Si no sabes bailar para qué me invitas?

Buena cama vs. machista arcaico

Como podéis deducir del título: el amigo entendió la asignación y la ejecutó a la perfección.
Tanto, que pasó la noche en mi piso y por la mañana repetimos.

Yo estaba en el baño haciendo pis y cuando me estoy subiendo las bragas me grita desde la cama que le prepare el desayuno, detallándome exactamente lo que quería. No pidió: exigió.
Ni un “¿te apetece?”, ni un por favor. Nada.

Respiré hondo, salí del baño y le expliqué que ya había comido lo único que pensaba comer en mi casa ese día. Que podía vestirse, irse y buscar desayuno en el bar de la esquina.

Con esto suelto y cierro mi mala racha de citas y abro espacio para un chico que tenga higiene, que no sea machista… puedo vivir con que no sepa bailar.

Anónimo

Envía tus movidas a [email protected]