Cuando estás embarazada, las otras mamás te hablan de lo dura que puede ser la lactancia, de las noches sin dormir, de lo malitos que se ponen cuando les salen los dientes. Pero nadie te cuenta lo difícil que es tener tiempo para ti misma. Nadie te avisa de que empezarás a valorar el silencio cuando tus hijos duermen, o de que tener un ratito de paz será un lujo. Además, un lujo inalcanzable, como los bolsos de Louis Vuitton o unas vacaciones en Santorini, pero sin niños y sin marido, tú sola.
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Te conviertes en madre y entonces no recuerdas la última vez que comiste caliente, que el café del desayuno no se te quedó frío sobre la encimera de la cocina, o la última vez que fuiste al baño sin compañía.
Ahí es cuando nacen los trucos de madre para respirar un poco y no volverte loca. Pequeñas artimañas que hacemos las madres para rascar unos minutos de paz mental. Nadie te los enseña, porque ninguna otra mamá te va a reconocer que también lo hace. Es un tema tabú, pero es pura supervivencia.
Aquí están algunos de los trucos que yo hago. Y estoy segura de que serán los mismos de algunas de vosotras.
1.Unos minutos de soledad en el coche antes de subir a casa
Llego del trabajo, aparco y… silencio. Apago el motor y me quedo en el coche, aunque solo sean unos segundo, lo que pueda. Te quedas mirando al parabrisas sin pensar, sin hablar, sin nadie pidiéndote que peles una manzana porque tiene hambre, o preguntando si está ya la cena hecha. Solo tú y el deseo de no ser interrumpida.
Es el momento de silencio antes del caos. Ese instante en que sabes que, en cuanto abras la puerta de casa, empieza la maratón: mochilas, cenas, duchas, cuentos, pijamas, “mamá, no quiero dormir todavía”. Así que te quedas quieta. Disfrutando de lo único que te pertenece: esos cinco minutos de nada.

Si no tienes coche o vuelves del trabajo en metro, el portal también puede ser un lugar donde quedarte unos minutos, antes de subir a tu casa. Te sientas en las escaleras y pones la mente en blanco.
Y si trabajas desde casa, el truco del coche no te va a servir, pero puedes usar la técnica de “tengo que adelantar trabajo” o “corre prisa un encargo, me voy a trabajar al ordenador”. Y te encierras un par de horitas en el despacho o donde sea que suelas trabajar. ¿Lo mejor de todo? Es que no tienes ni que trabajar de verdad, solo perder el tiempo con el móvil. Nadie se va a enterar.
2.El baño: mi refugio sagrado
El baño es el lugar donde me escondo, pero sólo cuando puedo, que es cuando está mi marido en casa. Si estoy sola con los niños, ya me puedo olvidar de hacer caca sin público. Yo no sé qué tiene el baño que es verte entrar y se vienen detrás.
El caso es que cuando está mi marido y estoy un pelín saturada, finjo que tengo ganas de hacer pis para encerrarme en el baño unos minutos. Aprovecho para mirar el móvil sentada en el inodoro con los pantalones bajados. No vaya a ser que se les ocurra abrirme la puerta, no me vean en posición de evacuación y me descubran. Así que yo hago pis, aunque no tenga ganas reales.
Pero ojo, porque se te tiras allí metida demasiado tiempo, no tardarás en escuchar una vocecita al otro lado de la puerta que te dice: “¡Mamá, qué haces!”
“Nada, cariño, pis.”
Mentira. Estoy mirando memes y recordando cómo suena el silencio en mi cabeza. Pero eso no se lo voy a decir a mi hijo.
Lo que sí he aprendido con el tiempo es que, si tiras de la cadena de vez en cuando, los niños no sospechan. Y si dices “ahora voy” cuando ellos preguntan por ti, tienes otros tres minutos de margen.
Otra cosa que me encanta hacer en el baño, cuando mi marido se encarga de los niños, es ducharme tranquila. Dejo que el agua caliente caiga sobre mi cuerpo mientras me enjabono varias veces para alargar un poco más el momento.

3.La compra que dura hora y media
Otro clásico. Ir a hacer la compra. Puede ser la compra semanal u ofrecerte a bajar al súper un momento porque se os han acabado los huevos y querías hacer un tortilla de patatas
Sales de casa diciendo: “voy al súper, no tardo nada”. Y de repente te descubres paseando por los pasillos como si estuvieras en un museo admirando obras de arte. Que, oye, hay envoltorios de galletas o de magdalenas que son una maravilla.
Luego vuelves a casa y dices: “madre mía, qué cola en la caja”. Y nadie tiene que saber que esa cola solo existía en tu imaginación mientras escuchabas música en el móvil con los auriculares.
Si tienes perro, también puedes utilizar la excusa de sacarlo a pasear para poder salir de casa un ratito. Eso sí, este truco solo sirve si está tu pareja en casa. Nada de dejar a los niños solos, aunque sea un ratito, que llama una vecina a la policía y te llevan presa.

4.El truco del “voy a doblar la ropa”
Doblar la ropa se ha convertido en un sinónimo de desconexión. En realidad, lo que haces es meterte en la habitación con la puerta entreabierta, pones música bajita y finges estar muy ocupada.
Si lo haces bien, puedes conseguir hasta veinte minutos de soledad. Nadie te interrumpe, porque el resto de la familia asume que doblar calcetines es aburridísimo. Y tú lo sabes. Por eso lo eliges.

Antes usaba también el “voy a hacer la colada”, pero a mi hijo pequeño le resulta súper divertido meter la ropa sucia del cubo a la lavadora y se viene conmigo. Se me acabó esa excusa para disfrutar de unos minutitos de soledad.
Pequeñas trampas pero grandes respiros
Todas lo hacemos. Y la que diga que no necesita un ratito de descanso porque está saturada de niños, miente.
No es que no ames a tus hijos. Todo lo contrario. Yo los amo tanto que necesito perderlos de vista un ratito para no convertirme en la madre ogro gritona.
Nadie puede estar disponible para los otros las 24 horas, ni siquiera una madre. Por eso necesitamos esas triquiñuelas, esos pequeños paréntesis donde respirar y recordar que seguimos siendo personas además de madres.