Un aborto espontáneo nos llevó al divorcio

(Relato escrito por una colaboradora basado en una historia real)

 

He querido enviaros mi historia por si de casualidad me lee alguien que haya pasado por algo parecido y le alivia un poco saber que no es la única.

A mí me costó mucho asumir que una situación que debiera haber sacado lo mejor de nosotros mismos para con el otro, en realidad hizo todo lo contrario.

Porque la vida nos puso contra las cuerdas y, en vez de unirnos, nos envió a cada uno por su lado. O cómo un aborto espontáneo nos llevó al divorcio.

Éramos la típica pareja con sus típicas desavenencias ocasionales, pero que, en lo esencial, estaba de acuerdo. Tampoco discutíamos muy a menudo y, cuando lo hacíamos, era siempre desde el respeto.

Teníamos muchos planes y un proyecto en común que comenzaba con mudarnos a otra ciudad, lejos de nuestras familias, y que seguía con formar una propia, con niños y un perro y todas esas cosas.

Nos mudamos. Los dos encontramos trabajo. Adoptamos un gato.

Un aborto espontáneo nos llevó al divorcio

Foto de Melike Benli en Pexels

Y me quedé embarazada.

Estábamos muy contentos, todo nos iba saliendo sobre ruedas y ese embarazo era la culminación de un sueño por el que habíamos luchado y sacrificado mucho.

Los dos estábamos felices ante la perspectiva de convertirnos en padres, no obstante, a él como que se le notaba más. Yo era más cauta, estaba más contenida. Pero a él se le salía la alegría por los poros.

Se moría de ganas de compartir la noticia con todo el mundo. Buscaba información sobre cada etapa a diario y se acurrucaba a mi lado para comentarle las novedades a la barriga. Me preparaba zumos naturales por las mañanas. Me preguntaba todo el rato si estaba bien, si estaba cómoda, si quería un cojín…

 

Un aborto espontáneo nos llevó al divorcio

 

Hasta que un día, en la semana once, fui al baño y vi que había manchado.

La sangre marrón del principio se volvió roja y abundante y… bueno, el final ya lo adelanté en el título.

Estuve ingresada un par de días en el hospital, durante los cuales apenas hablamos.

Volví a casa en taxi cuando me dieron el alta, porque él tenía que trabajar.

No hubo lágrimas compartidas, ni cariño ni, por supuesto, más zumos naturales para desayunar.

Fue como si, de un solo golpe, hubiese perdido a mi bebé y a mi marido.

Un aborto espontáneo nos llevó al divorcio

Foto de Anna Guerrero en Pexels

No entendía nada, pero quise darle tiempo.

Yo quería llorar con él y no podía porque nunca estaba en casa, de pronto tenía muchísimo trabajo. Quería que me abrazara y me dijera que lo superaríamos juntos.

Pero ya nunca estábamos juntos, ni siquiera cuando estábamos los dos en la misma habitación.

No comprendía su forma de pasar el duelo, parecía diametralmente opuesta a la mía.

En cualquier caso, no quería presionarle, así que esperé.

Tres meses después del aborto, la cosa no sólo no había mejorado, sino que, como mi paciencia se había agotado, había ido a peor.

No éramos una pareja, éramos compañeros de piso. De los que se llevan mal.

Y, cuando llegué a mi límite, hablé con él con total sinceridad.

Le dije que le echaba de menos, que le necesitaba y, ya puestos, que habría agradecido tenerle a mi lado durante el trance.

Creo que esperaba que él me dijese lo mismo y que me explicase cómo se sentía y por qué lo gestionaba de ese modo.

Un aborto espontáneo nos llevó al divorcio

 

Un aborto espontáneo nos llevó al divorcio

Foto de RODNAE Productions en Pexels

Pero lo que me dijo fue que no soportaba verme. Que cada vez que me miraba recordaba lo ocurrido y que, tras perder el bebé, se había dado cuenta de que llevaba tiempo enamorado de lo que queríamos ser, pero no de lo que en realidad éramos.

Que creía que ya no estaba enamorado de mí y que necesitaba estar solo para averiguarlo.

Toma confesión.

Fue tal la conmoción que metí de mala manera algo de ropa en una maleta y me marché para que el pobrecito se aclarase.

No se puede ser más gilipollas.

Menos de una semana más tarde dejé el trabajo, me volví a casa de mis padres (junto con mi gato) y fui a ver a un abogado.

Firmamos el divorcio en la fecha en la que, si todo hubiera ido bien, habría salido de cuentas.

Por lo que, aunque suena duro y trato de no hacerlo, a veces pienso si no ha sido mejor que las cosas salieran así.

 

Anónimo

 

 

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