Mi abuela está enamorada a los 80 años, después de llevar viuda 25. Yo apenas recuerdo a mi abuelo, solo era un niño pequeño cuando el falleció de forma fulminante y sin previo aviso. La abuela Carmina siempre fue el pilar de la familia: la que cocinaba, cosía, aconsejaba y reñía con la misma autoridad. Su vida giraba alrededor de su marido, sus hijos, y posteriormente sus nietos. Yo soy el nieto mayor, prácticamente me crié con ella viviendo como si su casa fuera un internado VIP, pero sin uniforme y con mucha comida. 

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Como toda persona con título de abuela, sabía cómo mantenernos limpios, bien alimentados y entretenidos con historias de su juventud. Hasta que hace unos años sufrió un infarto. Por suerte vivimos en un pueblo pequeño, así que cuando alguien la vio desplomarse en la calle, llamaron a tiempo a una ambulancia. Estuvo semanas ingresada, y cuando volvió a casa, el médico le prohibió conducir. Al principio mis padres y mis tíos la llevaban a todos lados en coche, luego empezó a ir acompañada andando con cualquiera de sus nietos, y finalmente empezó a hacer pequeñas compras en la tienda de barrio ella sola. 

Fue en agosto, con un calor tremendo cuando salió a comprar alguna cosilla pequeña y puntual. Se mareó un poco y decidió sentarse en un banco a la sombra a tomarse un Cacaolat (como buena catalana) y abanicarse un poco. “¿Me puedo sentar?” preguntó un señor. 

Antonio, un amorío tonto de su juventud que nunca llegó a nada porque mi abuela no quiso, ya que le había entrado más por el ojo mi abuelo. Aún así llevan siendo prácticamente vecinos los 82 años que tiene mi abuela, siempre con trato de cordialidad y amistad. Se pusieron a hablar durante varias horas. Ya estaba empezando a oscurecer cuando Antonio se ofreció a acompañarla a casa y mi abuela, con la mezcla de descaro y educación que la caracteriza, aceptó. 

Al llegar, le ofreció un café. Y desde ese día ya no se cuantos cafés llevan. Cada uno vive y duerme en su casa, es otra mentalidad claro (y mi abuela dice que no piensa lavar más calzoncillos de hombres), pero salen juntos a bailar, a comer, al IMERSO y a todas las fiestas patronales que puedan encontrar. Mi familia, que ya era numerosa, se ha duplicado.

Ahora ya no son solo eventos de trabajo o de instituto de los nietos de la Carmina, también son competiciones de patinaje y partidos de baloncesto de los nietos de Antonio. 

Ella que siempre fue la abuela seria y responsable, ahora coquetea con Antonio delante de todos, le habla de forma cariñosa y hasta se ríe con un brillo en los ojos que creía que solo teníamos los jóvenes enamorados. Me sorprende cada día. La veo y pienso cómo es posible que la mujer que nos enseñó a vivir correctamente, a no caer en tonterías y a planificarlo todo, haya encontrado de nuevo el amor como si tuviera 20 años. Pero es simple, vida solo hay una y hay que disfrutarla. 

Ahora me río, viendo cómo los dos viejitos enamorados salen a la calle cogidos de la mano y cómo mi familia se multiplicó gracias a este inesperado romance. A veces pienso que el amor a los 80 se vive con más energía que los amoríos más jóvenes. Y yo que fui criado por ella, solo puedo admirarla y preguntarme qué sorpresas nos deparará todo este tiempo que nos queda con ella (que ojalá fuese infinito)… porque con mi abuela, cualquier cosa es posible. 

Carmina y amén.