Un tabú que no debería serlo: ir al psicólogo (Mi experiencia)

Me parece increíble que aún hoy en día si alguien dice que va al psicólogo o que cree que debería ir porque no se encuentra bien haya gente que le mire con recelo o que le diga: 

  • ¿Pero qué dices? Si tú no estás loco. 
  • Anda no digas tonterías, tú lo que necesitas es … (añádase lo que sea).
  • ¿Para qué? Que te van a comer la cabeza. 
  • ¿Para qué quieres pagarle a alguien por contarle tus mierdas cuando me tienes a mí?

En muchas ocasiones este tipo de comentarios disuaden a la persona de buscar la ayuda que necesita por temor a ser juzgado o etiquetado simplemente por el hecho de preocuparse por su salud. Igualmente hay muchísima gente que va a terapia y que sin embargo no lo cuenta a nadie. Y está bien si no lo quieres gritar a los cuatro vientos, por supuesto, es tu decisión. El problema es que gran parte de las personas que no lo dicen abiertamente es por el motivo que ya mencionaba antes, por miedo a ser etiquetado.

¿Por qué si comemos de manera saludable o vamos al gimnasio para estar en forma no podemos ir al psicólogo? ¿Cuidamos el cuerpo, pero no la mente? Hay que derribar estos tabúes y normalizar que igual que si nos duele algo vamos al médico, podemos ir al psicólogo. 

Un psicólogo no te va a “meter ideas raras” o va convencerte de que hagas algo que tú realmente no deseas. Al contrario, es un profesional (¡ha estudiado y se ha formado para ello!) que te va a guiar para que te conozcas mejor a ti mismo, personalizando el tratamiento y pautas a seguir dependiendo de cada caso. Y no hace falta tener un problema específico para acudir a un psicólogo. 

Debido a un problema laboral que me generaba muchísima ansiedad (iba todos los días llorando al trabajo y me pasaba las tardes amargada porque a la mañana siguiente debía volver a ese sitio que era infernal) me planteé contactar con un centro de psicología para que me orientasen. Cuando hice algún comentario al respecto en mi entorno familiar y a mis amigos las respuestas fueron básicamente las que mencionaba en los cuatro puntos de arriba. “Pero ¿qué dices? Anda ya, no digas tonterías. Tú no necesitas eso”. 

Finalmente (y menos mal) me decidí a llamar a un centro especializado y conté a la persona que me cogió el teléfono cuál era mi situación y me indicó que se pondría en contacto conmigo el psicólogo que creía que mejor me podría ayudar. 

Así fue. Me llamó la que ahora es mi psicóloga y tuvimos una conversación telefónica en la que le comenté mis inquietudes y la gran ansiedad que sentía. No os voy a mentir. Cuando me dijo “cuéntame un poco” me puse a llorar. No pude evitarlo. Y tras charlar me dijo que creía que podía ayudarme y que pensaba que íbamos a trabajar muy bien juntas. Y efectivamente así es. Hemos tenido unas 12 sesiones, por lo que aún soy muy “novata” en esto, pero creo que es una de las mejores decisiones que he tomado. Y aunque durante los primeros días tratábamos sobre todo el tema de mi trabajo, en cada sesión siguen saliendo nuevas cuestiones. 

Me ha ayudado a conocerme mejor a mi misma y a pensar seriamente en cosas que muchas veces ya sabemos y tenemos dentro pero que ni siquiera nos atrevemos a reflexionar sobre ello porque nos hacen daño. Me refiero a eso que escondemos en un cajón muy profundo de nuestra mente y que ignoramos pero que nosotros sabemos que está ahí. He verbalizado mis miedos, los he dicho en voz alta sin temor a ser juzgada. Porque en ocasiones también es necesario decir aquello que nos causa ansiedad para poder asumirlo y tratarlo. Me ha dado herramientas y técnicas para gestionar ciertas situaciones y sentimientos que antes resultaban muy desagradables. 

En el plano económico entiendo que habrá gente que no se lo pueda permitir, pero se pueden espaciar las sesiones o incluso se puede hacer online que por lo general suele salir un poco más barato. 

En definitiva, mi consejo es que, si os lo podéis permitir y lo estáis pensando, os lancéis. No os vais a arrepentir. Y puede ser que no deis inmediatamente con el psicólogo que mejor os va o con el que mejor encajáis, pero siempre se puede buscar a otro. 

¿Y sabéis qué? Que cuando ha salido el tema con alguien y he dicho que hago terapia con una psicóloga muchísima gente me ha dicho que o ha ido en algún momento de su vida o que también lo hace. ¿Entonces por qué sigue habiendo tanto tabú respecto a este tema? ¿Por qué esa manía de etiquetar a la gente? 

Por favor, derribemos estas barreras. 

¡Os envío un abrazo gigante!

 

Amanda C.