**Relato erótico**
Mi marido tiene tres eventos de empresa al año y, como manejan mucho dinero, siempre estamos invitadas las parejas. Desde el primer evento, me hice amiga de Juan, el marido de su mejor amigo del trabajo. Un detalle importante: tanto ellos como nosotros tenemos una relación abierta.
El último evento fue el de verano. La parte formal es en un restaurante de categoría, pero el desmelene llega después. Nuestros maridos, que son bastante aburridos, se fueron pronto a casa mientras Juan y yo continuábamos la fiesta. Esa noche, Juan me convenció para ir a un garito gay de moda. Varios compañeros heteros se unieron al plan.
Uno de ellos, Luis, me propuso salir a fumar. Me preguntó qué tal con mi marido y le expliqué con naturalidad que nuestra relación era abierta. Su sonrisa cambió: fue una mezcla entre sorpresa y lujuria. Al volver a entrar, bailamos muy pegados, aunque me distancié un poco por evitar chismes con el resto de compañeros.
Pasadas unas horas, solo quedábamos Juan, Luis y yo. Nos fuimos a otro garito donde apenas cabía un alfiler. Entre el bebercio y el calor del local, terminamos bailando sin dejar un milímetro de separación. De repente, Luis me comió la boca. Juan nos miraba entre risas hasta que, en la siguiente ronda de copas, ¡Juan fue quien le comió la boca a Luis! Estaba incrédula: nunca nos habíamos liado con la misma persona.
La cosa se calentó tanto que terminamos liándonos los tres a la vez en medio de la pista. Estábamos tan desatados que nos echaron del local. Como no podíamos ir a nuestras casas, Luis pagó un hotel. Al llegar a la cama, aquello fue un festival: Juan se encargaba de Luis mientras Luis me saboreaba a mí. Confirmamos que Luis era hetero cuando Juan intentó «cambiar de bando» y el pobre Luis pegó el berrido de su vida.
Finalmente, culminamos con cada uno en su especialidad: Luis empotrándome a mí mientras yo se la comía a Juan. No esperamos a que amaneciera; cada uno se fue a su casa esa misma madrugada. Juan y yo llevamos meses recordando esa noche entre risas, especialmente por las caras de nuestros maridos cuando les contamos la experiencia.