Vengo del colegio. No del mío que ya hace mucho que lo acabé. Del de mis hijos.

Madre mía si lo llego a saber me informo más de la educación en casa. Perdón, de la Homeschooling. Que hoy en día si no lo dices en inglés no sirve.

Desde pequeña que, al no tener más opciones televisivas que el telediario de “La Primera” y los documentales de “La 2”, no veía algo parecido. Al más puro estilo Félix Rodríguez de la Fuente, la salida del cole es un auténtico reportaje de animales con sus crías.

Tenemos de todo. 

Justo pegadita a la verja está la leona. Ella tiene que estar la primera. Aunque sus hijos salgan los últimos. Ella la primera. Siempre. Y si se acerca otra leona, lucharán por mantener su posición en la manada. Culazos y empujones discretos son sus armas más utilizadas. Presión. Pies anclados al suelo. La lucha por el poder es encarnizada. Y nada más aparecer la profesora, saltarán sobre ella, como si de una pobre gacela se tratara. Preguntas. Sugerencias. Más preguntas. Mi niño esto. Mi niño lo otro. Cada día. Uno tras otro. La gacela intenta huir, pero no hay escapatoria.

También tenemos a la hiena, que está siempre al acecho. Sonriendo. Pero no con una sonrisa amable. No. Con esa sonrisa que pone después de decirte “A ver si les han dado las notas. (sonrisa) ¡Seguro que me toca comprarle algo! (sonrisa). Es que siempre saca sobresalientes ¿sabes? (sonrisa) ¡Estoy deseando que suspenda! (sonrisa, sonrisa)”

La jirafa está justo detrás. Con el cuello estirado a la máxima potencia para ver cuándo llega su criatura. Estira incluso antes de que empiecen a salir. Puede llegar treinta minutos antes y estar sola que ella estira el cuello no vaya a perderse algo.

Por ahí pululando tenemos a la pavo real. Pavoneándose. Se ha tirado más rato poniéndose estupenda que preparando la merienda. Le encanta que la miren. Se siente poderosa. Melena al viento y a cámara lenta. Minifalda y tacones. Escotazo y chaquetita entallada. El atuendo ideal para tirarte al suelo a pintar con tizas.

La ardilla desde que llega va corriendo de madre en madre. Tiene algo que decirle a todo el mundo. O algo que darle. O algo que preguntarle. Solo de mirarla agota. Lo más probable es que sea parte de la asociación de madres y padres de alumnos. Organiza las chocolatadas, la fiesta de fin de curso y un mercadillo de juguetes usados cada último viernes de mes.

Una que viene bien tener cerca es la canguro. Da igual lo que necesites que ella lo tiene en su bolsa. Una tirita. Tiene. Una cuchara para el yogur. Tiene. Una camiseta de sobra. Tiene. Una copita de vino. No tiene, pero mañana te la trae.

La madre chimpancé podrás distinguirla porque siempre va con un hijo subido a la cadera. Es una extensión de sí misma. Nunca descubrirás si ese niño sabe andar o si esa madre es capaz de andar derecha.

La camaleón va mimetizándose según el curso. Va cambiando de grupo y adecuándose a cada manada. Una artista en el arte del despiste. Porque lo mismo un día es hiena, que otro canguro o leona.

Y por último está el perezoso. Siempre al final porque siempre llega tarde. Tranquila. Sin prisa. Llega tarde a la entrada y tarde a la salida. No tiene reloj. Ni ganas de tenerlo. Sus frases siempre empezarán por “¿hoy qué toca?” o “¿qué tenían que traer?”.

Tengo que confesar que yo a ratos he sido leona, jirafa, ardilla, canguro y chimpancé, entre otras muchas bestias. Bueno, y perezoso también, según la temporada. No lo voy a negar.

En definitiva, la puerta del colegio es una auténtica jungla de madres y padres intentando hacerlo lo mejor que pueden sin que se nos coman por el camino.

¡¡ÁNIMO MANADA!!

Marta Toledo