Mía y Martín se conocieron en Madrid, en un congreso de una asociación de abogados. Martín vive en Cádiz, es secretario personal de una abogada importante, con la que tiene una relación increíble y van juntos a todas partes.
Mía vive en Asturias, es abogada y está enamorada de su tierra. Además de ejercer su profesión son mucha pasión, cuida de sus padres, que son muy mayores y se niega a sacarlos de su casita en el campo donde son tan felices.
Mía se quedó viuda muy joven. Un cáncer se había llevado a su marido hacía casi 10 años. Desde entonces tuvo un par de citas con hombres, pero nunca llegó siquiera a besar a ninguno. No le interesaba.
Martín tenía un hijo de 13 años. En los últimos congresos, el grupo de amigos que acabaron formando entre muchos de los asistentes, le decían que lo veían raro. Mía y él se llevaban muy bien, siempre habían congeniado y, cuando se quedaban todos de copas tras las cenas, ellos eran siempre los últimos en retirarse.

No fue hasta la reunión del 2022 que Martín confesó que llevaba más de un años separado. Su mujer se había liado con un amigo de él y no lo superaba. Creía que podía seguir con su vida, pero le estaba costando demasiado.
Mia fue su gran apoyo en esa semana. La jefa de Martín decía sentirse aliviada porque por fin lo contase, pues llevaba tanto tiempo tan mal y no queriendo contárselo a nadie, que le propuso contarlo con esta pandilla con la que solamente se reunían un par de semanas al año, para que no se le hiciera muy violento.
Mía y Martín fueron uña y carne toda la semana. Él se desahogaba, ella lo hacía reír, le hablaba de su propia experiencia traumática, le contaba cómo superaba cada día un poco todo lo ocurrido… El último día consiguió sacarle una sonrisa.

Llegó 2023 y en febrero, en cuanto pisaron Madrid, Mía se abalanzó a los brazos de Martín. Llevaban meses hablando casi a diario, fingiendo que no era nada demasiado importante, nada profundo. Pero al verse en persona necesitó tocarlo, abrazarlo y expresar todo aquel cariño que llevaba guardando en su abrazo.
No esperaba aquellas mariposas en el estómago, ni que le temblasen las manos cuando él le besó la frente.
Pasaron la semana muy unidos, cada vez más. Todo el mundo parecía ser consciente de que estaba creciendo un amor, excepto ellos dos, que lo negaban tan convincentemente, que parecían creérselo ellos mismos.
Pero llegó la despedida y las lágrimas no mentían. Entre abrazos y sollozos, Martín la besó de verdad y ella sintió su cuerpo flotar de felicidad.
Ese año no hubo más congresos, así que se vieron en Madrid cuando Martín pidió vacaciones y ella se cogió unos días para coincidir.
En estos dos años ha habido 3 reuniones más y, quitando esas fechas, no han podido cuadrar más de otras 3 veces más sus agendas para poder verse.

Ella no puede dejar a sus octogenarios padres, que no quieren ser una carga, pero ella no se perdonaría no estar con ellos el tiempo que les quede. Y él tiene a su hijo adolescente una semana sí y otra no. Sus vacaciones las pasa con él y no puede permitirse viajar muy a menudo, pues con su sueldo no tan grande, paga un alquiler muy alto y debe mantener a un adolescente al 50%. Así que solamente puede bajar ella de vez en cuando.
El resto del tiempo, con una distancia de 895 Km, se ven por videollamada 3 o 4 veces al día, se mandan mil mensajes y se cuentan cada cosa que pasa en su día a día.
Igual que adolescentes, pasan el día compartiendo fotos de lo que comerán, de dónde están o con quien, de todo lo que se les ocurre para intentar que esos cientos de km no les amarguen la existencia.
Es una situación muy compleja, aunque lo fue más cuando la ex de Martín quiso volver. Le pidió perdón y se lo contó a su hijo, que en un principio, con la información sesgada, se posicionó y pidió a su padre que le diera “otra oportunidad a la familia”, como le decía su madre. Finalmente, tanto le insistió al niño para que lo convenciera, tanto le dijo todo lo que ella hacía por recuperarlo, etc, que Martín, en un ataque de frustración mientras su hijo enumeraba los esfuerzos de su madre, le contó que su madre había estado meses liado con su amigo Luis.
Su hijo dejó de insistir y dejó de querer ir con su madre. Ahora, que ya era más mayor, no le dolían tanto la traición a su padre, pues era algo de pareja, sino cómo lo había manipulado ese tiempo.
Por eso Martín ahora solicitó la custodia del niño. Él está de acuerdo en cambiar de aires y probar en el norte. Probar un cambio, probar a ver a su padre feliz. Su madre lo pondrá difícil, ya lo saben, pero Mía y Martín ven por primera vez la opción de tener una relación real después de mucho tiempo de hacerse las ganas por teléfono.

EL niño (no tan niño) subió hace poco a conocer a Mía. Se llevó muy bien con el padre de mía, que cuenta unas historias alucinantes. Le encantó la casa, le idea de vivir apartado el bullicio…Pero lo que más le gustó fue ver a su padre tan enormemente feliz.
Esperan que tengan suerte y la ex mujer de Martín se dé cuenta de que oponiéndose a que su hijo se vaya no lo acerca más a ella si no todo lo contrario. Y mientras, Martín y su hijo hablan con Mía y su padre de cómo celebrarán las siguientes navidades.
Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.
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