Cuando Roque se fue a vivir con Serena le advirtió de que su perro tenía ciertas peculiaridades que eran una prioridad para él. El perro debía tener su manta siempre limpia en el lado izquierdo del sofá, no se le podía ofrecer pan porque le encantaba, pero le sentaba fatal y luego tenía unas diarreas terribles, su pienso era especial para perros alérgicos a varios alimentos…

A Serena no le extrañó, pues había vivido muchos años con una perrita ciega que también necesitaba de muchas atenciones y se amoldó pronto a lo que Roque y su perro acostumbraban a hacer en la convivencia.

Cuando llevaban unos meses viviendo juntos, decidieron aumentar la familia, pues una a miga de Serena había encontrado a unos cachorros abandonados en un contenedor y quería colaborar con sus adopciones. Al perro de Roque le encantaba jugar con cachorros, así que seguramente ser harían amigos pronto.

Todo fue bien hasta que, al llegar la noche, el perro de Roque vio cómo el nuevo cachorro era depositado con suavidad sobre la cama, lugar que se le tenía prohibido a él hasta ese momento. Entonces se puso muy nervioso y Serena decidió sacar al cachorro de allí.

Dos horas de insomnio después por los llantos desconsolados del cachorro, Roque se levantó y durmió en el sofá con el cachorro sobre el pecho, escuchando sus latidos.

La siguiente noche comenzó igual, pero fue Serena esta vez la que sacrificó un confortable descanso por el sofá de polipiel y el cachorro aferrado a su cuello.

Pasaron las semanas y el cachorro ya no era tan pequeño. Aquel gesto tierno de dormir sobre el pecho de sus papás humanos ahora rozaba la asfixia cuando se despistaban y se ponía demasiado arriba.

Cada vez que intentaban dormir juntos, el cachorro aullaba. Cada vez que permitían al cachorro entrar, el perro de Roque gruñía. Y fue así como dejaron de dormir juntos. Siempre y para siempre. Es decir, no compartían cama jamás.

Los momentos de pasión debía delimitarlos a pequeñas sesiones exprés al salir de la ducha, pues ninguno de los canes era muy fan del agua y allí les dejaban su espacio.

Entonces, la amiga de Serena le enseñó una camada de gatitos a los que les había muerto la mamá. Debían ser alimentado a biberón y no había nadie que pudiese hacerse cargo. Serena estaba de vacaciones en ese momento, así que accedió a tenerlos en acogida un tiempo hasta que encontrasen casa definitiva.

Dos meses más tarde, un amigo de la amiga de Serena fue a visitarla para llevarse un gatito, pero en el momento de entregárselo sintió una enorme punzada en el pecho y no pudo hacerlo. Los 3 cachorros crecieron felices jugando con los perretes y haciéndose los dueños del sofá, que se llenó de arañazos, obviamente, pues un sofá de polipiel con 3 gatos en casa es una garantía… de gasto futuro.

Roque apareció con una gata adulta que habían maltratado un tiempo. Era desconfiada, tenía mucho miedo y muchas pruebas que hacerse.

Pudo quedarse sin problemas en casa de Roque y Serena, pero era tan desconfiada que solamente dejaba de bufar si la dejaban en el cuarto de baño encerrada.

Hace poco, Serena y Roque fueron criticados duramente por sus amistades por no querer ir a una casa rural con ellos una semana por no dejar a sus animales solos tanto tiempo. Tenían quien los alimentase, pero el perrito no dormía solo y los gatos más jóvenes si se estresaban se colgaban de las cortinas.

Ahora llevan más de un año sin dormir juntos y, aunque no lo dijeron abiertamente, se supone que también han dejado totalmente su intimidad de pareja, pues la gata ocupa el baño donde se encerraban para dar rienda suelta a su pasión hasta su llegada.

Uno de sus sueldos va íntegro a la comida y los seguros de los animales y, si hay algún imprevisto con alguno de ellos se quitan de lo que sea necesario para que estén lo mejor atendidos posible.

Es su forma de vida y no deberían de ser criticados por sus decisiones, pero supongo que una ayuda no les vendría mal para poder volver a poner un poquito de su parte por su propia relación, pues hoy en día viven por y para sus mascotas y entre ellos ya no hay nada más que los una.

 

Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.

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