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Veo telebasura y no soy menos lista que tú

No falla, cada vez que publicamos un artículo en el que criticamos (o no) algo relacionado con la telebasura saltan las alarmas y los comentarios tipo: mimiminoentiendoporquéveisesamierdamimimi. Que ¡ojo! a mi me parece maravilloso que haya gente que no quiera invertir su tiempo en según qué cosas, pero no juzguéis careeeeenios, que eso está muy feo.

Es como si todos tuviéramos que tener obras de Laclau en la mesilla de noche para ser chachis Y TAL (booooooring). Al final es lo mismo que digo en este artículo de hace casi cuatro años… parece que las cosas no cambian y que seguimos con los mismos estereotipos, así que voy a intentar dejar claritas las razones por las que hay que evitar hacer de menos la telebasura:

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– Es parte de nuestra realidad y, aunque solo sea para hacer crítica social, es necesario conocer qué es lo que se cuece en estos programas. En mi opinión, pretender vivir al margen de la sociedad y de su televisión es muy poco inteligente (y bastante snob, pero snob fatal, snob sin fundamento). Lo creáis o no, de esos programas «basura» se puede aprender un montón de la vida y de cómo intentar cambiar los imaginarios.

– Hay muchas maneras de disfrutar de la telebasura (y ninguna es necesariamente mejor que la otra). En mi caso lo habitual es verla en pareja y reír mucho, pero es que hasta tengo chats para comentar algunos programas y eso es lo más divertido del mundo.

– Es un hecho que hace mucha compañía. Si las Kardashian me acompañan tanto mientras teletrabajo, no me quiero ni imaginar la compañía que le hace Jorge Javier a las personas mayores.

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– Nos guste o no, hay alguna telebasura que ha ayudado a la visibilización de muchos colectivos (con la creación de nuevos estereotipos, es cierto… pero menos da una piedra).

– Es una herramienta de socialización estupenda; comentar el programa de turno con tus compañeros de trabajo (o de clase o del curso de croché) quita mucha presión a las personas tímidas.

– No es necesario estar ultra concentradxs para verla (es más, todo lo contrario). Cuando llego de currar con el cerebro atrofiado lo último que me apetece es ponerme a ver cosas densas en versión original, así que eso: o telebasura o series facilitas (y de capítulos cortos, gracias) o RuPaul.

– Yo no sé vosotrxs, pero yo prefiero ver mierda de la buena (de la que honestamente no oculta la mierda que es) que otras cosas que parecen que sí pero no. ¿Qué hace más daño: Supervivientes o algunos programas/películas/series que no revisan su sexismo/racismo implícito? Y esto es aplicable a casi todo el contenido audiovisual (porque algunos YouTubers tienen telita, ¿eh?).

– Hace pensar. Lo de que la telebasura atrofia el cerebro es una mentira como una casa. Anda que no me habrá servido a mi para saber identificar comportamientos terribles con los que me he sentido interpelada en muchas ocasiones. Creo que lo ideal es fomentar el pensamiento crítico. Pero ¡ojo!, que conozco a muchas personas que presumen de no consumir telebasura que de mirada crítica NA-DI-TA.

– Ver telebasura no es algo exclusivo, ni es lo único que hacemos durante todo el día, ni nos convierte en personas más o menos interesantes.

– Y por último pero no por ello menos importante: la veo porque me sale del chichi (y con esto debería de bastar pero parece que no, porque sigue habiendo gente que se cree más lista que yo o algo así). Cada uno que haga con su ocio lo que crea oportuno, amichis.

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La puta fantasía televisiva me da la vida así en general, pero cuanto más mierder más la disfruto (y eso que me estoy quitando mucho por falta de tiempo). Sin complejos. Y que sí, que soy completamente consciente de que hay muchísimas cosas que mejorar en la televisión de nuestro país, pero la gente sigue leyendo libros de Paulo Coelho Y NO PASA NADA.

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