Hoy os hablaré de tetas

(“¡TOMA, TETAS!”)

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Hoy os hablaré de tetas y de lo que supone tener que cargar con unas que son más grandes que tú (o casi).

Me llamo María Esclapez, soy Licenciada en Psicología, tengo un máster en Sexología y Terapia de Pareja, estoy opositando para poder trabajar en el sistema de salud sanitario, y pese a todo esto, para la sociedad no soy más que un par de tetas.

Más tarde entenderéis cómo y por qué he llegado esta conclusión. Por ahora voy a comenzar explicando cómo va esto del pecho y las tallas.

En cuanto a la talla de sujetador, cuando las chicas decimos que gastamos un número + una letra (Ejemplo: 90-B), nos estamos refiriendo a:

Número: centímetros o contorno del torax (lo que mide nuestro contorno submamario + 15 centímetros). Esta parte de la talla va numerada de 5 centímetros en 5 centímetros. Por lo general empiezan con la talla 75 u 80 y tengo constancia de que en la mayoría de tiendas no sobrepasan de la 100 o 105, aunque realmente hay mujeres que usan más talla.

Letra: Tamaño del pecho (volumen o copa), que va desde la A (normalmente en las tiendas sólo existe hasta la letra D, a excepción de dejarte un riñón comprándote un sujetador en una tienda especializada en la que tienen tallas hasta la G o más).

Bien pues yo gasto una 85-F. Imaginad la tremenda desproporción.

JO TÍA, QUE SUERTE. Que no, que no, que he dicho DESPROPORCIÓN. Que si me descuido me parto en dos por el peso que mi pobre espalda tiene que aguantar a diario. Y es que, como me dice mi madre siempre, todo en exceso es malo.

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Imágenes de Rampaige

En este caso, dada la poca espalda que tengo, muchísimas veces sufro dolores musculares debido al peso y la adopción de malas posturas. Me es imposible dormir boca abajo, comprarme camisas en las que me pueda abrochar todos los botones, encontrar un sujetador que me quede bien (súper importante esto para la salud del pecho) o poder comprarme un bikini con el que no parezca que vayan a salirse con cada movimiento que haga. Eso sin contar con que me duelen muchísimo cuando me viene el período y que hacer cualquier deporte como salir a correr en el que no tiene por qué salir nadie herido, se convierte en un deporte de alto riesgo para mí, mi autoestima y para los que están a mi alrededor, no sea que “les saque un ojo sin querer” (sí, también tengo que soportar comentarios absurdos como este e incluso acosos).

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¿Y a la hora de ligar? Cada vez que conozco a un chico mira antes mi canalillo que mis ojos. Aunque no lleve escote, da igual (añado que todas las camisetas me hacen escote, hasta las que no llevan).

Estos problemas sobre burlas e intentos de ligue fallidos al fin y al cabo no son más que anécdotas, pero lo que realmente importa y me importa mucho es mi salud. Tengo que hacer deporte para mantener mi espalda en forma y no quedarme jorobada. Y creedme que cuando tenga el dinero suficiente, lo primero que haré será operarme y quitarme mínimo tres tallas (contando con todo el miedo que tengo a los quirófanos).

OH DÍOS MÍO, QUÉ DICES. ESTÁS LOCA

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Y aquí está el comentario de turno, ese comentario que he oído hasta la saciedad y que lleva tras de sí la esclava influencia de la estética occidental. ¿Por qué hay gente que no entiende que me quiera operar el pecho por MI salud? Soy yo la que tiene que cargar con casi 3 kilos de tetas todos los días y la que tiene que hacerse radiografías e ir al fisioterapeuta cada dos por tres. ¿Por qué hay gente que no entiende que no todo es el físico y la apariencia?

Me frustra ver cómo hay chicas acomplejadas por tener poco pecho (o al menos no el que desearían), sin ningún tipo de problema de salud a nivel físico, que se meten en quirófanos para aumentar el tamaño de sus senos sólo por estética y por quitarse los complejos, en lugar de aceptarse a una misma. Siempre estaré en contra de la cirugía estética con estos motivos de por medio. Un buen tratamiento de aceptación, un chute de autoestima, salud psicológica como nueva y “PALANTE”. Pero claro, las valientes que escogen esta opción son pocas, las demás, todas como ganado a parecer cada día un poco más Barbies para ser aceptadas por sí mismas y sus sesgos cognitivos derivados de la influencia de éstos, los (¡oh, tan subjetivos!) cánones de belleza sociales.

Un pecho pequeño resulta erótico y puede amamantar a un niño igual que uno grande, sólo que el primero no ocasiona problemas físicos. Por lo demás ¿dónde está la diferencia? ¿De verdad esa parte de tu cuerpo te condicionaría tanto si no fuese tan valorada por los demás?

Chicas, las medidas arriesgadas para cuando no nos quede otra opción, mientras tanto, lo mejor es quererse, mantenerse sana y aceptarse a una misma.

Las personas no somos un par de tetas, una nariz, una boca, un culo o un pie; somos lo que demostramos ser, y esto se consigue trabajándonos todos los días a nosotros mismos: cuidando nuestra autoestima, queriendo a los que nos quieren e intentando ser cada día mejores personas, no siendo como los demás quieren que seas. No seas “sólo unas tetas.