Tuve este accidente hace más de 20 años, pero lo recuerdo como si fuera ayer.
Yo tenía un coche sin dirección asistida, de esos con el volante durísimo y que tienes que tener un buen brazo para maniobrar. Ahora son ilegales, pero en ese entonces no eran tan raros.
Había tenido ese coche durante muchos años y a la que pude, ahorré y me compré uno nuevo aprovechando una oferta.
Me lo traían al concesionario, que estaba en otra ciudad, y tenía que ir expresamente a buscarlo, sino no me aplicaban la oferta.
El plan era ir allí en tren, coger un bus, llegar al concesionario y volver a casa conduciendo el coche. Era una turra de viaje, pero al menos así tendría el coche en casa sin coste adicional.
Llegó el día y me fui para allá, la ida fue sin problemas, me hicieron la entrega del coche y me dispuse a volver.
Después del coche que yo había tenido, aquel era como ir en una nave espacial. Todo olía a nuevo, estaba limpísimo, iba muy suave y tenía muchas opciones.
Fui bastante intranquila y acostumbrándome a la conducción mientras iba por la ciudad y cuando salí a la autopista me sentí mas tranquila, pero entonces vino lo peor.
Cuando llevaba unos quince minutos por la autopista, un camión hizo una maniobra en la que se me echó mucho encima. Yo me asusté mucho y, de manera instintiva y haciendo la fuerza que hacía en mi antiguo coche, di un volantazo.
Lo siguiente que recuerdo es el ruido de los cristales estallando y un sonido que chirriaba muy fuerte. Chispas en mi cabeza y una presión en los hombros y el pecho, que después entendí que era porque estaba bocabajo.
Recuerdo que olía a quemado y que tuve mucho miedo a que otro coche me golpease por detrás. No me atrevía a moverme y empecé a llorar.
No sé cuanto rato estuve en shock ni si el coche derrapó mucho, pero vi unas luces que se acercaban y se bajó un hombre que vino corriendo.
Se agachó y me gritó algo que no entendí. Era un hombre marroquí que no hablaba muy bien el idioma. Cuando vio que le miraba, me enseñó el teléfono y me dijo: ambulancia.
Al entender que ya había pedido ayuda, fui consciente de la situación y empecé a tener ansiedad que me hizo llorar aun más. Yo solo pensaba en mis hijos, que estaban en casa esperándome para cenar. De los nervios repetía: mis niños, mis niños, mis niños…
Cuando me quise dar cuenta, el hombre ya no estaba. Le llamé, pero no venía. Y al rato apareció desesperado y me dijo: “No encuentro niño.”
Le tranquilicé y le expliqué como pude que iba sola, que mis hijos estaban en casa. Él me preguntó si podía moverme y le dije que sí, entonces me ayudó a cortar el cinturón y a salir del coche.
Cuando salí me di cuenta de que estaba mareada por estar tanto rato bocabajo y me tumbé en el suelo. Me notaba cristales en las orejas y en el pelo. Tenía muchas heridas sangrando, pero ninguna parecía grave.
El hombre me trajo agua y me repetía “ambulancia” “ambulancia”. Yo bebí y esperé en el suelo a que llegase la ambulancia, que no tardó mucho más.
Llegaron los médicos y la policía. Me atendieron enseguida y me desplazaron a la ambulancia. Pude ver toda la zona acordonada y a coches de curiosos que reducían la velocidad para mirar, pero del hombre que me salvó, ni rastro.
Pregunté a los médicos y me confirmaron que habían recibido la llamada de un hombre que no hablaba muy bien español, pero que no tenían más datos.
Allí no había ni coche ni nada que me pudiera ayudar a encontrarlo. Dudé de si había sido real, pero la botella de agua me demostró que efectivamente me habían ayudado.
Por suerte no tuve heridas graves y tras dos días en observación, me dieron el alta.
Intenté encontrar a este hombre para darle las gracias, pero no hubo manera. Ni los policías ni los médicos llegaron a ver su coche. Es como si se hubiera ido corriendo.
Tampoco pude conseguir su teléfono por la ley de protección de datos y no me quedó ninguna vía más para intentar contactarle.
Le tengo muy presente, pienso mucho en lo fácil que hubiera sido no parar (como el camión) y en lo bondadoso que fue pese a su posible mala situación, por la que deduzco que salió huyendo. Ojalá le llegue mi agradecimiento de alguna manera y la vida se lo devuelva.

