La verdad es que nunca fuimos mejores amigas. Nos conocimos por una amiga común y siempre ha sido nuestro nexo. En la época en la que salíamos mucho de fiesta era muy divertido juntarnos todas y ella montaba las mejores fiestas en su casa. Tengo muy buenos recuerdos de risas juntas.
Pero la vida cambia y nos empezamos a hacer mayores y las quedadas se empezaron a diluir. Pasamos de las fiestas locas a intentar comer juntas un jueves al mes cuando teníamos suerte.
Fui la primera en tener un hijo y le compré todo lo necesario. Con mucho mimo, buscando todo de buena calidad y cuidando todos los detalles.
Cuando ella fue la siguiente en quedarse embarazada no dudé ni un segundo en dejarle todo lo que tenía y en ayudarla con todas sus dudas. Nuestra amiga común no tenía pequeños ni pinta de querer tenerlos, así que empezamos a hablar solo las dos e incluso a quedar alguna vez.
Todo marchaba bien. Es cierto que nunca tuvo un detalle conmigo por lo que le había dejado, ni comprar un juguetito a mi hijo o decir de invitarnos a algo. No me importaba, al final yo se lo dejaba encantada.
El problema vino cuando me volví a quedar embarazada y le dije que necesitaba todo de vuelta. Ella ya no lo necesitaba, aunque yo sabía que quería tener un segundo hijo.
Me lo trajo todo a casa de manera extraña. Totalmente correcta pero muy fría. Como si volviéramos a ser amigas de una amiga. Pensé que igual era yo, que el embarazo me estaba afectando y que estaba buscando dramas donde no los había.
Me puse a revisar y descubrí que mis sábanas estaban muy desgastadas de tanto uso y estaban para tirar. «Normal» pensé y descubrí un par de sábanas que no eran mías. Y pensé en el bonito detalle de reponer las sábanas que estaban para tirar. Además había un saco que parecía bastante nuevo. Me sentí mal por haber pensado que estaba molesta y que no se preocupaba por mi.
Al día siguiente pensaba llamarla para darle las gracias pero se adelantó ella. Me dijo que por error me había dado sábanas y un saco que eran suyos y los quería de vuelta. Le pregunté si estaba embarazada y me dijo que no, pero que lo quería tener ya. Ni se planteaba dejarme nada.
Nos seguíamos viendo en algunos planes y siempre éramos correctas pero a mí me parecía todo raro.
Cuando nos contó que estaba esperando el segundo peque dejó caer que si alguien le dejaba algo. Yo me apresuré en decir que todo lo mío ya se lo había dejado a otra amiga, que era una verdad a medias, pero no sé lo quería dejar a ella. Me miró con mala cara pero no dijo nada.
La siguiente vez que quedamos en grupo, estábamos hablando de que había buena gente en el mundo. Y nos contó que una conocida suya le había dejado muchas cosas y que estaban mal económicamente. Dejó caer que la gente que menos tiene es la más generosa. Y me atravesó el alma. Se estaba refiriendo a mí y no tengo ninguna duda.
Esa fue la última vez que nos vimos. ¡Se acabó aguantar tonterías!