Conocí a Pablo hace tiempo, a través de una app de citas. Desde el principio todo fluyó como la seda. Inteligente, buena conversación, iniciativa, y tenía ganas de algo serio. Estábamos bastante en el mismo punto, empezamos a quedar y todo iba genial. Al cabo de un mes más o menos, me dijo que tenía un montón de ganas de presentarme a su mejor amiga, y me hizo ilusión. Al fin y al cabo, era una manera de integrarme un poco en su círculo de amistades y empecé a pensar que tenía interés real en mí si quería incluirme en su grupo.
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Un día, estando en su casa me dijo que había invitado a Bea, su amiga a cenar con nosotros, que si me parecía bien. ¡Claro que me parecía bien! Estuvimos toda la noche charlando, contando anécdotas del pasado, riéndonos un montón. Ella era encantadora y rápidamente conectamos. Esa situación se repitió varias veces más, en ocasiones quedábamos para tomar algo, otras para salir, para cenar…así que inevitablemente Bea terminó convirtiéndose en una colega, incluso nos dimos los teléfonos y charlábamos de vez en cuando por whatsapp.
Entonces llegó el cumpleaños de Pablo. Cómo tenía muchas dudas sobre qué comprarle, decidí preguntarle a Bea. Cito textualmente el mensaje:
“¡Hola Bea! Oye, en unos días es el cumple de Pablo, y tengo muchas dudas sobre qué regalarle. Tu le conoces mucho mejor que yo…¿alguna idea?”
Y aquí viene el plot twist: me contesta diciéndome que ella iba a escribirme para lo mismo. Que como soy su mejor amiga seguro que se me ocurren ideas geniales. Espera ¿¡QUÉ!? Mi cabeza se nubla de repente y no entiendo nada. ¿Cómo que su mejor amiga? ¿Pero su mejor amiga no eres tú? Le pregunté.
Acto seguido recibo una llamada. Era ella. –Tía…no entiendo nada. ¿Hace cuánto conoces a Pablo? Silencio. Intento ordenar mis pensamientos. -Hace tres meses. contesto. -¿Y tú?. Silencio otra vez. Hace cinco meses, más o menos. Siento una especie de pellizco en el corazón y noto como una sensación de ira absoluta se apodera de mi. -¿Te lo estás tirando?. Le pregunto sin paños calientes. -Claro…esto…sí…yo pensaba que tú…no entiendo…él me dijo que tu eras su mejor amiga desde hace años… VAYA. Adivinad a quién más le dijo que tenía una mejor amiga desde hace años.
Tras cagarnos en él durante un rato, empezamos a desmontar toda su película. Llevaba meses jugando con las dos, quedando con una y con otra a gusto del consumidor y lo hacía tan jodidamente bien que ninguna nos habíamos dado cuenta. Al terminar la llamada, cogí el móvil y bloqueé a Pablo de todas partes para siempre. Durante un tiempo no fui capaz parar de preguntarme por qué si quería mantener dos era necesario presentarnos. ¿No sería mucho más fácil quedar con una a escondidas de la otra? ¿Qué clase de filia extraña es esta? Nunca más volví a saber de él. Pero sí de Bea.
Me encantaría deciros que fue una historia con final feliz y que él tuvo su merecido, pero por lo poco que supe de ella después de aquello, siguieron quedando. No sé si él le habrá dado alguna explicación convincente o si siquiera habrán hablado del tema, lo único que sé es que en mi opinión ninguna mujer se merece algo así, y estoy convencida de que ella también se dará cuenta tarde o temprano. O eso quiero pensar.