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  • Querido diario

    Por qué no me arrepiento de NO haber dado el pecho

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    En Estados Unidos, alguien se ha inventado una frase: “Breast is best” que, en su idioma rima, y en castellano sería “El pecho es lo mejor”. Sé a qué se refieren, lo entiendo y, en parte, estoy de acuerdo.  Sin embargo, soy más de la escuela de Jaione Yabar que opina que lo mejor para tus hijos eres tú. Lo mejor para un bebé es tener una madre feliz y feliz de tenerle. Por eso, quiero decir Basta ya a creer que solo existe una maternidad validad o una sola y única manera de hacer las cosas correctamente. Hay tantas maternidades como madres hay en el mundo y ni tú ni yo somos nadie para juzgarlas.

    dar pecho_lo mejor eres tu

    Desde que me quedé embarazada, supe que no iba a dar el pecho. Atención, siempre dije que si durante el embarazo me invadían unas ganas enormes de hacerlo lo haría sin problema. Pero vaya, que no me veía. Por suerte, de mi pareja y de algunas amigas, recibí todo el apoyo del mundo. Mis amigas que no compartían mi decisión tampoco intentaron convencerme ni me presionaron. Bien. Sin embargo, en general, siempre he sentido como si estuviese haciendo algo mal. Siempre que leía artículos sobre gente que no había dado pecho (porque leo un montón sobre maternidad), siempre-siempre tenían alguna justificación válida y atenuante a ojos de la sociedad: sufrir una enfermedad, que no salga la leche, que tu hijo no coja peso, tener gemelos…

    Sin embargo, nunca me he encontrado con lo que os voy a decir ahora: no le di el pecho a mi hijo porque no quise. Y no me arrepiento nada. Y estoy feliz y convencida de haber la decisión correcta. PARA MÍ Y MI HIJO. Esta parte es muy importante: para mí y mi hijo. No estoy diciendo para ti y para el tuyo. Ahí tu sabrás :) Admiro a las mujeres que dan el pecho. En general, admiro a todas las mujeres que tienen hijos por la valentía de tenerlos. Soy feminista y, para mí el feminismo también incluye respetar las decisiones informadas (o deseadas) de las demás mujeres. Mis razones fueron estas:

    Permitió compartir la crianza desde el minuto 1

    dar pecho compartir

    Soy de las que creen que hace falta una tribu para criar a un hijo. Pero, sobre todo, mi hijo tiene un padre y una madre. Desde siempre, desde que le concebimos. Para mí, lo único circunstancial fue el embarazo (en el que obviamente no me puede sustituir nadie). Todo lo demás lo hacemos entre los dos. Durante los 3 días de hospital, después de mi cesárea de urgencia, mi chico y mi familia se encargaron de hacer todo lo que yo no podía. Cuando llegamos a casa, repartimos las tareas al 50% durante el tiempo que estuvimos los 2 de baja y lo seguimos haciendo ahora que ya trabajamos. Cuando uno se pone enfermo, o tiene un mal día o necesita descansar, el otro se hace cargo.

    Además, mi hijo tiene 4 abuelos, una tía de verdad, un montón de tías de corazón y demás familia que le quieren y participan de su crianza y educación. Y se emocionan dándole de comer tanto como yo.

    Tengo la tranquilidad de saber lo que ha comido

    dar pecho comer

    La maternidad te hace feliz pero también es muy dura. Mucho. Ya lo es lo suficiente sin añadidos. Para mí, saber si mi hijo ha comido bien, mal, mucho, poco, la cantidad exacta es una tranquilidad. Totalmente, peace of mind. Puedo quedarme tranquila del todo cuando ha comido bien, insistirle un poco más cuando ha veo que aún le queda, tomar nota cuando ha comido poco e intentar saber porqué y establecer patrones que me ayudan a no alarmarme. Por ejemplo, el desayuno es la hora del día en la que mi hijo tiene menos hambre, siempre es así y lo sé, así que no me preocupo pero sí lo hago si no cena demasiado. Me hace la vida mucho más fácil.

    La independencia

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    Quizás la característica que más me define es mi independencia. Y sí, ya sé que teniendo un hijo, de independencia nada. Y no penséis que no me cuesta. Me cuesta. Me cuesta tener una persona que dependa de mi para todo aunque le cuide con todo el amor del mundo. Así que todo lo que me dé un punto más de libertad, es bienvenido. Para mí, es vital saber que alguien me puede sustituir con la comida, que no soy la única persona en el mundo mundial que puede hacerlo y que tengo que estar ahí obligatoriamente. (Que sí, que el sacaleches, pero mira, NO.) Me gusta darle de comer pero también me gusta que me puedo escapar más de 3 horas seguidas, incluso 3 días  y que mi hijo pueda comer. Llamadme loca.

    No necesito más ansiedad

    dar pecho ansiedad

    Ya lo sé, ser madre comporta preocupaciones a montones. Sin embargo, como persona con un trastorno de ansiedad, no necesito más en mi vida de la estrictamente obligatoria. Así que intento ponerme las cosas fáciles. Ser la única proveedora de alimento de mi hijo y la responsable absoluta de sus vitaminas, crecimiento y saciedad, me hubiese desquiciado. Me hubiese hecho infeliz y me hubiese destrozado. Estoy segura de que, si pudiese hablar, mi bebé no querría eso para mí. Y yo tampoco lo quiero para mí. Creo que voy a inventar mi propio eslogan: “El biberón es la salvación”.

    El post-parto ya es lo suficientemente duro

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    Lo peor no es el embarazo, lo peor no es el parto, ni coger peso, ni las nauseas matutinas. Lo peor es el post-parto: esa época de la que nadie habla y en la que se supone que tienes que ser feliz como una perdiz porque ya tienes a tu hijo en brazos. Pues no, señoras y señores, el post-parto es de las épocas más duras de la vida. Y atención que no tuve depresión post-parto, estuve relativamente feliz y tranquila.

    Pero: estás preocupada por saber cuidar a tu hijo y hacer lo mejor posible, te encuentras como si te hubiese atropellado un camión, te ves horrible, no tienes tiempo para nada, todo el mundo mete baza y opina, te visita un montón de gente, tu vida social-sexual-laboral dice adiós-adiós. En resumen, la vida da unos cuantos saltos mortales y tendrás suerte si logras caer de pie. Yo personalmente no necesitaba tener que estar sacando las tetas cada 3 horas o cada vez que mi hijo abriese la boca.

    Me he re-adaptado mejor a mi ritmo de vida

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    Sí, por supuesto, conozco mujeres que dan el pecho y han vuelto a sus rutinas y sus cosas y bien. Y también conozco a mujeres que dan el pecho y se resienten de no poder hacer ciertas cosas o lo pasan mal cuando todo cuesta un mundo: volver al trabajo, dejar al peque con alguien que lo cuide, llevarlo a la guardería, salir una noche, destetarlo del todo. Dando el biberón, una vez lo tuve todo bajo control fue fácil volver a hacer cosas que forman parte de mí y me hacen feliz. Porque sí, también soy de las que creen que la maternidad es parte de mí pero no todo lo que soy. Pude volver a trabajar, al gimnasio, a la vida social con relativa facilidad. Sí, podéis llamarme egoísta y víctima del sistema capitalista pero a adoro mi trabajo, me gusta hacer deporte y necesito ver a mis amigas. Guilty as charged.

    Me siento orgullosa de haber tomado esta decisión

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    No ha sido fácil. Me he sentido culpable en muchas ocasiones y delante de mucha gente. Porque igual que mis personas más cercanas me han respetado y apoyado (a pesar de sus propias opiniones). Gente a la que ni le va ni le viene me han cuestionado y juzgado. Preguntarle a tu mejor amiga si va a dar el pecho y por qué sí o no es normal. Preguntárselo a una persona a la que casi ni conoces, no. Las opiniones están genial, todos tenemos una pero eso no significa que sean importantes para otras personas y que tengamos que expresarlas obligatoriamente. Sin embargo, tomé una decisión y fui adelante con ella, a pesar de las dudas y de la culpabilidad, porque estaba convencida que sería lo mejor. Y lo ha sido. Por eso, me siento orgullosa de haber aguantado y de haber hecho las cosas a mi manera. No siempre es fácil.

    Mi hijo es feliz, yo soy feliz

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    Cualquiera que conozca a mi hijo, lo sabe. Mi bebé es feliz. Incluso una vez me lo puso un médico en un informe: “Niño activo, sano y feliz”. Se ríe a carcajadas cada día de su vida. Sonríe cada vez que me ve (a mí, y a su padre y a sus abuelos y todo el mundo que le quiere). Juega, aprende, descubre. Se come su fruta y su verdura y su yogur y sus biberones con todo el hambre del mundo. Y yo disfruto con él, soy feliz viendo que él es feliz y soy feliz viendo que me siento satisfecha con mi vida. ¿No se trataba de esto?

    * No he escrito este artículo para convencer de nada, ni para tomar parte en un debate que considero absurdo. He escrito este artículo para todas las que han sentido vergüenza o se han inventado razones “válidas” para no dar el pecho. Para las que han dicho “Lo estamos pensando pero seguramente, no” cuando sabían perfectamente que querían dar biberón. He escrito este artículo porque la sororidad es importante y quiero ayudar a que cada una tome sus propias decisiones sin culpa. Quiero que te puedas sacar la teta en medio de la calle sin que nadie te increpe. Quiero que puedas dar un biberón sin que nadie te cuestione.

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    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Agnes Deer

    Escribo sobre moda y feminismo desde Madrid . Mother of cats. Devora-libros amante de los labios rojos, viajar acompañada y beber café con bien de azúcar. Feliz a tiempo completo.

    

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