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Sex & Love

Follodrama: las bolas de la muerte

Imagen de perfil de Loversizers
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Tinder me ha dado más alegrías que tristezas pero debo reconocer que el año pasado viví un momento surrealista bastante bestia.

Soy gallego pero vivo en Madrid desde hace 8 años, vuelvo cada verano para ver a la familia y a los amigos y aprovecho para ir a algún festi de música.

Nada más llegar a Pontevedra me puse al día con mis amigos y familia y no tardé en darme una vuelta por Tinder para ver lo que había por mi tierra. Me sorprendió ver a muchas chicas que me habían salído en Madrid pero pensé que les pasaría lo mismo a ellas, y me decidí por likes a algunas de las que me salen en Madrid pero nunca me había animado.

En una de estas que doy like a una chica que me sonaba y sale match, me pongo a mirar sus fotos y me quedo blanco. La chica era mi amor platónico del instituto. Mi amor de la adolescencia estaba en Tinder y nos habíamos dado LIKE, ¿casualidad? no lo creo. No tardamos nada en hablar y enseguida cayó en quién era yo, por desgracia ella no sentía lo mismo que yo en el insti pero gané puntos y decidimos quedar ese mismo fin de semana en el festival al que íbamos a coincidir.

Estaba muy nervioso, me puse como un pincel y nos encontramos los dos grupos de colegas. No tardamos mucho en congeniar todos así que no tuve la presión de tener que dar explicaciones al irme porque todos estaban pasando un buen rato. Sentimos tanta tensión sexual que nos tuvimos que ir a las 3 horas de estar en el festi, fuimos a su casa y nos empezamos a liar a saco.

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Nada más entrar en su habitación me fijé en que tenía el colchón de la cama plastificado, así que pensé que igual se lo había comprado ese mismo día y no había tenido tiempo de sacárselo y hacer la cama. Sinceramente, lo último que me importaba en ese momento era el colchón de esa mujer, solo quería colarme en sus bragas, así que empezamos a desnudarnos y acabamos encima del colchón plastificado más calientes que Indiana Jones buscando el arca perdida.

Mi amor adolescente sacó unas bolas chinas y lubricante, mi cara debía ser un poema porque empezó a sonreír y a decirme que no me preocupase que eso me iba a encantar. Joder, era el amor de mi infancia, no me iba a poner tiquismiquis y decidí relajarme. Me metió aquello y, aunque me molestó un poco, al rato empecé a sentir que me explotaba la polla del gusto. Estaba que me iba a dar algo hasta que sin venir a cuento ella me arrancó las bolas del culo sin ningún tipo de delicadeza. Sí gente, al hacer vacío me cagué encima sin darme cuenta, pero mi culo no dejaba de echar diarrea. Empecé a ponerme muy nervioso, me puse de pie, no sabía dónde estaba ella, mi cabeza solo podía pensar en un baño al que acudir para limpiarme y suicidarme.

Lo siguiente que recuerdo es la escena más bestia que he vivido en mi vida. Ella, mi chica, mi amor de la adolescencia, mi crush supremo, seguía encima del colchón plastificado.. REVOLCÁNDOSE en mi mierda y gozándolo. Me miraba llena de lujuria y gritaba “VEN CONMIGO A JUGAR”.

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Sobra decir que me fui de allí sin duchar, casi sin vestir y sin entender una mierda de lo que había pasado.

Al día siguiente lo tuve que comentar con algún amigo, y una vocecilla saltó del fondo de la mesa y dijo conocer a aquella chica porque hacía dos años le había hecho lo mismo. Vamos, que mi crush era conocida como la Potito, la cochina del colchón plastificado y la mierda.

Boludo.

Foto destacada: Tara Moore/Getty



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