A mi marido le pone usar mis bragas ¿y?

 

Reconozco que, aunque ahora lo digo con la cabeza bien alta y la autoestima intacta, a mí también me costó un poco al principio. Hace unos años mi primer pensamiento sería más bien: ‘A mi marido le pone usar mis bragas… ¿cómo se come eso?’.

Que sí, que lo admito, me quedé en shock cuando me lo dijo. Pero si para mí no fue fácil escucharle, mucho menos lo fue para él contármelo. No creo que sea el fetiche más delicado que uno pueda tener, no obstante, entiendo que le costara tanto hablar de ello.

No es tan sencillo como decirle a tu pareja que te ponen los mordisquitos en la oreja o que te molan los cachetes en las nalgas durante el coito. Es plantarte delante de la otra persona y soltarle que, siendo tú un hombre, te excita llevar prendas de ropa interior femenina.

A mi marido le pone usar mis bragas ¿y?

Foto de Karolina Grabowska en Pexels

Seguro que es algo mucho más habitual de lo que pueda parecer, pero así, de primeras, pues… choca. Resulta rarito, cuando menos. Imagino que, de alguna forma, pasas un proceso parecido al que ha debido pasar el ‘afectado’, por así decirlo. Te haces preguntas, te planteas cosas.

Mi pareja no se lo había contado a nadie antes. Me lo confesó después de dos años juntos y tres días antes de casarnos, realmente acojonado de que su filia fuese motivo suficiente para echar atrás la boda. Cosa que no me hubiera planteado ni por un segundo… si no me hubiera dado por ponerme a pensar que tal vez era gay, o bisexual. ¿Quizá trans? ¿Algo de lo que no se hubiera dado cuenta aún? ¿Algo que tenía reprimido? Vamos, una sarta de estupideces.

Menos mal que se me pasó la tontería en menos de lo que tardé en poder seguir hablando con él como los dos adultos que éramos.

 

A mi marido le pone usar mis bragas ¿y?

 

Me explicó que le daba mucho reparo reconocerlo, pero que ya de muy jovencito había descubierto que le excitaba ponerse bragas. No sabe precisar exactamente por qué, solo que le pone a mil. Le gusta el tacto suave de algunos tejidos, como la seda o los encajes. Le gusta verse con ellas, compartirlas conmigo. Irse al trabajo con una de las mías puesta y pasarse toda la jornada imaginando cómo se las voy a quitar cuando llegue a casa. En su caso, nunca se ha sentido atraído por personas de su mismo sexo, ni tampoco le llama la idea de vestirse con otras prendas femeninas. Lo suyo se ciñe a las bragas. Desde culottes a tangas, que le gusta variar y tener un amplio abanico de opciones según el momento.

Incorporar el fetiche a nuestras relaciones y rutinas sexuales fue tan raro como divertido en los inicios, pero pronto se convirtió en algo tan normal como cualquier otra cosa de las que podemos hacer. Aunque tampoco es que ya no podamos tener sexo satisfactorio si mi marido no se pone bragas. No es obligatorio. A veces surge, a veces no. A veces lo planificamos con antelación. Y otras veces ni nos acordamos de ello para nada. De cualquier forma, el fetiche de mi chico no solo no ha supuesto un problema, sino que incluso nos da vidilla.

Así que ahora sí puedo decirlo de esa manera: A mi marido le pone usar mis bragas ¿y?

 

Mayca

 

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