No quiero hablar de mal de amores, ni de relaciones tóxicas ni de tíos chungos. Quiero, deseo, necesito hablar de ese amor bonito, placentero y delicioso y que, sin embargo, duele como una almorrana. Nos han enseñado que en el amor se sufre, que dolor y amor son dos caras de una misma moneda. Y no hay mentira más fea en este mundo.
Personita conoce a personita. Sales por ahí, te ríes, follas apasionadamente y te vuelves adorablemente imbécil. El sol brilla cuando llueve y te extasía el olor del aire que sale por su nariz (en serio, esto me ha pasado y es como inhalar pegamento). ¡Si hasta la caca te huele bien y el sudor es perfume de feromonas!
Personita ama a personita y se lo dicen. Todo bien, o eso parecía, porque amiga, estás enamorada perdida, ergo: date por jodida.

O eres una mujer muy segura de ti misma o los fantasmas del hombre del saco llegan pronto.
Yo, al menos, conocí a un tipo raro babilónico que lleva en su alma el botín de los cuarenta ladrones. ¡Y vaya braguetazo! Ahora soy millonaria de besos y poemas y sonrisas y cosas guarras que me encantan. Pero siempre hay algún pero, porque no vaya a ser que seamos felices así, ¡sin más! No mujer, ¡qué escándalo! Enamorarse asusta que te cagas. Y en el amor temido las flores de colores llegan con los miedos traicioneros. Y empiezas a darle a la cabeza y a pensar «¿y si me estoy flipando demasiado?, ¿y si aparece otra persona?, ¿y si resulta que en verdad es un alien en una misión espacial y estoy incubando sus huevos? ¿Y si me callo ya, qué tal? ».
En el eterno condicional del miedo una se pierde y las inseguridades son como una de bravas con doble de picante y un largo historial médico de estreñimiento y baja autoestima. Cuando las inseguridades se hinchan en el culo como una almorrana el corazón duele y el amor sangra.
Aprendí hace tiempo que por amor no se sufre. Se sufre cuando la medida de una misma empieza y termina con el cariño de la otra persona y eso nada tiene que ver con el amor, así en general. Sufres cuando dudas tanto de ti misma que no llegas a comprender porqué esa persona cree en ti. El dolor cala fondo cuando no te gusta lo que ves en el espejo y te alejas de tu genial tío raro babilónico como un perro callejero que ha sufrido demasiado y teme otro palo.

Y es en este punto cuando empiezas una lucha contigo misma y ese sentimiento precioso se ensucia de sospechosas manchas marrones. En el amor no se lucha, no me jodáis. Esto no es una maldita guerra, así como los celos no son amor ni los engaños una maravillosa etapa del safari de la pareja.
No tengo soluciones. Las inseguridades no se curan con cremitas y aplicadores anales.
Esta es una llamada de socorro a las mujeres que estamos amando locamente y no sabemos cómo lo vamos a decir. Porque esa almorrana sigue sangrando cuánto más amas y menos te quieres y así el amor se convierte en una cagada y en una super cagadísima.
Y vaya mierda, porque el amor es el top, nosotras somo el top. Así que no perdamos los mágicos perfumes de la vida, ¡por favor!
Femina Verbipotens
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