Amor & Polvos

Amigui, deja de culpar a la pornografía de tus follodramas

Cada vez que se publica un follodrama en esta web hay dos comentarios que ganan por goleada:

“No sé Rick, parece falso.”

Entiendo que la vida sexual de algunas personas es más aburrida que una partida de ajedrez retransmitida por la radio, pero os prometo que hay peña MUY RARA. Yo he escrito varios follodramas y son más reales que los pelos de mi chirri. Sé que es más sano creer que son falsos porque duele reconocer que estos especímenes caminan por las mismas calles que nosotras, pero son verdad verdadera.

Y el otro comentario del que vengo a hablar más a fondo…

“Que daño ha hecho el porno.”

No me considero una fanática de la pornografía aunque en mis tiempos mozos sí que era consumidora habitual (incluso me acuerdo de algún nombre), pero tengo que romper una (o varias) a su favor…

Pa’ que me entendáis os pongo un ejemplo tonto. Yo soy muy fan de los videojuegos, los juegos de mesa y el rol. Tanto que todavía me acuerdo cuando en los 90 unos chavales mataron a un señorico en una parada de bus siguiendo las instrucciones de un juego de rol que se había inventado uno de los asesinos. No os imagináis el caos que hubo en mi casa durante esa época. No me dejaban jugar al nada por si me volvía una persona violenta. Con el tiempo desapareció el estigma y actualmente sigo jugando partidas.

En el rol me transformo. Mi personaje es un enano calvo que trabaja de celador en un hospital. Para que asesinos confesasen les he llegado a arrancar las uñas. He pegado tiros. He dado navajazos. ¿Esto significa que vaya dando de hostias a la peña en la vida real? Pues no.

Lo mismo sucede con el porno. Hay una línea que separa la fantasía de la realidad. En primer lugar, una cosa son tus preferencias en la pornografía y otras tus ganas de probarlo en la vida real. Te puedes poner a tope viendo un video de hermanastros y sentir ganas de pegarte un tiro cuando te imaginas haciéndolo con tu hermano. Lo mismo que te mola el porno lésbico y no te van las tías. No tiene nada que ver.

El problema no es que consumamos pornografía, sino que la educación sexual actual es tan MIERDER que los chicos y chicas en plena ebullición hormonal tienen que recurrir a estos vídeos para aprender cómo se folla. No, no es cuestión de que papá y mamá se sienten a contarle al niño cómo comer un buen coño, que os veo venir. Lo que debemos inculcar son ideas de consentimiento, respeto y apertura de miras. Si criminalizamos la pornografía y la convertimos en un tabú, el porno si se convertirá en algo negativo. 

Tus hijos van a ver porno aunque se lo prohibas, así que lo mejor que puedes hacer es decirles que hay tantos vídeos pornográficos como preferencias en sexuales en el mundo y que lo que se ve en una pantalla no refleja lo que una persona puede desear en un encuentro cara a cara.

El porno no hace daño, hace daño el machismo.

Sí, hay una parcela tremendamente sexista en la pornografía actual que poco a poco se va venciendo, pero no son los videos X los que convierten a un tío en un capullo integral. Entre otras cosas, son las personas que responsabilizan de sus acciones a una página web en vez de al tío en cuestión.

En vez de jugar a ser jueces morales de la gente, entendamos que TODO está permitido siempre que haya consenso entre las dos partes. Si a tu ligue le mola el sexo anal, a ti no y se enfada porque no le dejas, no es culpa del porno.

La culpa es de él por ser GILIPOLLAS.

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