Cuando en mi entorno todo el mundo empezó a tener hijos y pude ver a través de sus experiencias cómo va esto de la conciliación, me planteé por primera vez que quizá el modelo de familia ‘de antes’ no estaba tan mal. Hasta entonces había vivido en la ignorancia. A pesar de que me resultaba igual de complejo que a todo el mundo compaginar mi vida laboral, con las tareas domésticas y el tan necesario tiempo de ocio, no era consciente de cómo se complica todo cuando los hijos entran en la ecuación. Me agobiaba ver a mi hermana y a mis amigas hacer malabarismos para llegar a todo. Y todo para llegar mal.
Así que, para cuando mi pareja y yo nos propusimos intentar convertirnos en padres, yo ya le había dado mil y una vueltas al tema.

No quería tener hijos para no poder criarlos. Para pasarme la vida corriendo de un lado para otro y dejándolos al cuidado de terceros. No, no quería. Conque nos pusimos a ello, dejé mi trabajo al quedarme embarazada y es lo mejor que pude hacer. Lo dejé yo porque mi marido gana más y tenía mejor horario. Aunque, si soy sincera, tampoco estoy segura de que no lo hubiera hecho del mismo modo aunque no fuese así. Era lo mejor para mis hijos y estoy supercontenta de haber podido estar para ellos al cien por cien. Estoy viviendo mi maternidad tal y como la soñaba, y de la misma forma en que la vivió mi madre conmigo. No me arrepiento nada de mi decisión, al contrario.
Y ya no solo por mis hijos, es que dejar el trabajo para dedicarme a ser madre ha sido beneficioso a muchos otros niveles. Mi familia, mi pareja y mi casa funcionan mejor desde que he dejado de trabajar fuera. Ahora ya no me pego esos atracones el fin de semana a limpiar todo lo que no podía limpiar entre semana. Puedo permitirme disfrutar de mi familia, de hacer cosas juntos. Mi relación de pareja va mejor desde que somos padres. He visto a amigos divorciarse porque la llegada de los hijos acababa con la pareja.

Creo que esa es una bala que es más fácil esquivar cuando uno de los dos se puede permitir dedicarse en exclusiva a la casa y los niños, en lugar de tratar de hacerlo todo entre dos adultos que se pasan mínimo ocho horas al día en su lugar de trabajo.
Si es que, incluso con el estrés que conlleva la crianza de dos niños pequeños y bastante seguidos, mi mente está mejor que antes de ser madre. Y mucho mejor de lo que creo que estaría si tuviera que compatibilizar todo lo que hago ahora con un trabajo a tiempo completo. Incluso a tiempo parcial.
Por lo que no puedo menos que estar feliz y que recomendar mi experiencia a quienes, como yo, dudan entre priorizar su carrera o dejarla a un lado por un tiempo para priorizar su maternidad y la crianza de sus hijos.
Irene
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