Di positivo cuando mi chico casi se mata.
Creo que era un día que hacía bastante frío, un martes de esos que salen raros y el tiempo no acompaña, que sabes que va a pasar algo y lo notas en el ambiente. Igualmente yo estaba bien tranquila con la máxima preocupación de que ponerme para salir a la tarde a tomar unas cervezas o unos vinos.
Porque sí, yo era así. 24 años, mi chico opositando peleando por su sueño de convertirse en bombero y yo tratando de encontrar mi lugar en el mundo laboral, pero muy poco a poco. Mientras, para hacer lo que iban a ser unos ahorros puntuales, mi pareja estaba trabajando encima de un camión que perfectamente tendría mi edad, (sí hijas, como el padre de Manolito Gafotas), y nos veíamos cuando buenamente podíamos.
A lo que iba, yo jovencísima y alocada, sin trabajo estable y con la cabeza aún menos centrada, di positivo un 16 de noviembre al mear en un palito.
Dos rayas rojas rojísimas, en un baño que ni siquiera era el mío y haciéndome la prueba por acompañar a mi amiga que tenía dudas. Dos rayas que no supe como encajar.
Yo estaba tan tranquila porque claro, había sangrado cuando me correspondía y aunque sólo había sido un manchado de dos días yo tenia de siempre muchos desajustes hormonales e idas y venidas con mi regla. Aaaamiga, si yo te contase ahora sobre el sangrado de implantación…
Envíe este whatsapp antes de hacerme el test:
-Oye, que al final me han comprado el test y por quedarme más tranquila me lo voy a hacer en un segundo.
El destino, la vida o los astros quisieron que no pillase la cobertura suficiente para enviarse porque cuando cogí el móvil de nuevo con la cara desencajada recibo:
-He tenido un accidente con el camión y he estado a nada de matarme.
-Estoy esperando a la Guardia Civil y a la ambulancia.
-No aguanto más, voy a dejar el trabajo.
Chicas, no tuve el valor e hice lo peor que pude hacer: borrar mi mensaje y dejarle en visto. Salir corriendo. Huir. Pero literalmente.

Me fui a la calle un día de noviembre, sin rumbo fijo y con mi chico llamándome porque necesitaba mi apoyo porque se había visto al borde de la muerte en una cabina de un camión ardiendo. Y yo, con una criatura suya creciendo dentro de mí, sin saber si realmente la quería o no, le ignoré mientras pensaba que paso debía dar después.
No os voy a mentir si os digo que no pensé en abortar mil veces, no os mentiré diciéndoos que esa misma tarde tenía clara mi decisión. No fue hasta que no pasaron días y semanas y mil lloradas después que realmente tomé mi camino o más bien creé el nuestro; sin embargo, un par de horas después cogí las llamadas de mi chico y sólo le dije que si se encontraba bien y podía llegar a casa esa noche quería que la pasase conmigo.
Porque esa es otra, yo aún vivía con mis padres.
En cuanto le tuve en persona y vi que estaba entero le dejé hablar y explicarme su accidente, pero en cuanto terminó le miré a los ojos y le pregunté:
-Oye, ¿tú quieres ser papá?