Durante unos meses trabajé en un lugar donde éramos un pequeño equipo de empleadas y empleados que pasábamos muchas horas juntos. Allí conocí a Cristina, una chica muy maja que venía siempre con una cantidad exagerada de joyas y abalorios en comparación con el resto, teniendo en cuenta que era un trabajo bastante poco glamuroso.

Cuando nos hicimos algo más amigas me enseñaba cada nueva adquisición. El anillo de oro rosa que le había comprado su marido, los pendientes con swarovskis de colores preciosos que le había traído de su último viaje, las pulseras que parecían lastres en sus muñecas…

Al llegar la navidad me enseñó la lista de envíos de su cuenta de Amazon para que viera una casita de muñecas que le había comprado a una de sus sobrinas porque yo había estado mirando una para mi ahijada, pero cuando la abrió le tuve que decir que no me podía permitir gastar ese dinero en un solo regalo. Entonces me fijé en la cantidad de aparatos tecnológicos, figuras de colección de ediciones limitadas y juguetes de alta gama que había en aquella lista pendientes de entregar en los próximos días en su casa. Me dijo que con lo que ganaba su marido podía permitirse hacer un gasto generoso en navidades para sus sobrinos y los hijos de sus amigas.

Cuando, poco después de navidad, y viendo todo lo que habían gastado hacía poco, la vi aparecer con un bolso de casi 600 euros mientras nos enseñaba a otra compañera y a mí su iPhone nuevo, no pude evitar preguntarle “¿Pero tu marido de qué trabaja?”. Ella se rio y me dijo que era instalador de gas y que hacía también mantenimientos y reparaciones. Yo, que me imaginaba ese curro como un curro de obrero, de los que están quemados, explotados por la empresa por un sueldo de risa, aluciné.

Ella me explicó que él cobraba productividad y que era de los que más sacaba de su empresa. Cada vez que en una revisión de mantenimiento encontraba alguna avería para reparar, se llevaba un pellizco. Y digo yo, ¿eso es legal? Porque si cobras por algo que eres tú quien decide si hay que hacerlo o no, lo más seguro es que siempre encuentres alguna cosa. Ella se rio de nuevo, supongo que era su forma de admitir esa “trampita” que su marido hacía para poder darle a su mujer y a él mismo ese tren de vida.

Pero de muchas pequeñas comisiones no podía sacar tanta pasta. Ella decía siempre de forma misteriosa que él tenía sus trucos…

Esos trucos consistían en que trabajaba en una empresa que era en sí una estafa, que rompía gomas para tener que sustituirlas, pero no vivían de esa comisión sino de lo que sacaban robando en los pisos en los que entraban a hacer esas reparaciones innecesarias que, en muchos casos, dejaban sin hacer. Esto lo sé porque salió en todos los periódicos, coincidiendo con el tiempo en que mi compi apareció con un único anillo de plata a trabajar, pues habían escondido todas las joyas compradas (o robadas, supongo).

Era extraño que con tanta pasta ella currase en una empresa de mierda por horas, pero claro, tenían que disponer de algo de dinero en A. Ella era consciente de todo, pero le beneficiaba vivir así y no preguntaba demasiado de dónde salía todo aquello para que la conciencia (que debía de tener de vacaciones) no le estropease la oportunidad de vivir como una persona rica.

Sin embargo, su marido, cuando consiguió escaquearse de sus obligaciones para con la justicia, decidió dejarla. Una chica más alta, más guapa, más joven y más alocada que ella había aparecido en su vida y a ella la había despachado de un plumazo.

Ahora ella se ofrece a colaborar con la policía, pues de pronto recuerda cómo aparecía tanto dinero en su casa, ahora sí sabe que él había escondido su joyero y dónde, ahora que sería otra quien disfrutase de aquellos lujos ilegítimos, ella admitía conocer todo aquello y no contarlo por miedo a acabar en la cárcel, aunque creo que su miedo era a que se le acabase aquel chollazo que parecía eterno, pero no lo era.

Escrito por Luna Purple, basado en una historia real.

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