Es la enésima vez que Blanquita, la hija de tres años de una de mis amigas, se pone mala. Mi amiga la apuntó a un centro infantil y retomó su trabajo de administrativa, pero anda haciendo malabares diarios para cuidar a la niña y atender su trabajo, porque la mitad de los días no puede ir al centro por enfermedad. Su marido tiene que desplazarse a otra ciudad tres o cuatro veces a la semana.
Pedro, el niño de otra de mis amigas, acaba de cumplir dos años y todavía no ha echado una noche entera durmiendo a pierna suelta, al margen de algunos problemas de comportamiento que empiezan a ser considerables. Da igual que su madre duerma una hora, dos o ninguna. Al día siguiente, a trabajar concentrada si no quiere perder ripio de lo que pasa por la cinta transportadora en la fábrica. No se puede permitir otra excedencia porque en casa necesitan dos salarios, y su marido ni se lo plantea.
Obstáculo 1 para disfrutar la maternidad: las escasas opciones de conciliación.
Carmen, otra de las niñas del grupo, está teniendo una entrada por todo lo alto en la preadolescencia. No le gusta ni su ropa, ni su pelo ni su cara. Se pasa el día enfadada porque no se ve bien.
Obstáculo 2 para disfrutar la maternidad: un sistema superficial al máximo que hace que las niñas odien su cuerpo desde que son pequeñas.
Una famosa tiktoker, madre de tres hijos, publicó hace poco un vídeo llorando y pidiendo vacaciones DEL COLEGIO. No puede gestionar todo lo que conlleva el día a día escolar, dice: peleas con compañeros, deberes, material que falta o sobra, cosas que se pierden, extraescolares…
Obstáculo 3 para disfrutar la maternidad: la exigencia extrema a la que hoy día nos aboca nuestro entorno. No exagero. Leed, si no, el testimonio de esta madre a la que casi sometieron a juicio civil por cometer el crimen imperdonable de… ¡¡¡llevar a sus mellizas al zoo!!!
Es muy habitual que una madre se sienta juzgada e invalidada una vez a la hora cada día de su vida: porque le ha echado a su hijo bollería en la mochila, en vez de una media mañana sana; porque no puede ir a la vigésima reunión del trimestre; porque no atiende los grupos de WhatsApp, de Telegram o los canales de difusión; porque no ha podido cuadrar los macronutrientes del día y le ha puesto al niño pescado para cenar, cuando ya lo había comido en el comedor; porque no ha puesto menús especiales para contemplar las posibles intolerancias alimentarias en un cumpleaños; porque su hijo ha llevado alguna mancha en el vestuario de fútbol, o no le ha comprado la segunda equipación, o no le ha metido en la mochila los 500 accesorios que exigen en natación, o se le ha quedado alguno olvidado en la piscina…

¿El resultado? Madres al borde continuo de un ataque de nervios. La paternidad no la analizo en este texto porque la mayoría de testimonios que escucho a diario son de mujeres. Se intuye muchísimo más cómoda que la maternidad, pero esa es otra historia.
A mi alrededor hay madres amargadas, pero felices. Y madres amargadas e infelices que te dicen abiertamente que, de volver atrás, no los tendrían, aunque los adoren. Se agradece la honestidad, hasta hace poco esto era un tabú.
Yo no puedo saber si me compensaría o no porque no soy madre. Y no quiero, pero, cuando pienso en cómo sería, se me viene a la cara de golpe toda mi cruda realidad: mi casera me acaba de subir el alquiler otra vez y no tengo para dar la entrada de una casa y mandarla a pastar para siempre; mi trabajo es inestable y me costaría conciliar; me aterran increíblemente las consecuencias ya vistas y por ver de la emergencia climática.
Esto lo suelto en conversaciones con gente de confianza y hay opiniones variadas. Algunas mamás dicen que sí, que compensa el sufrimiento con creces, pero mencionan cosas del tipo:
- “Solo una sonrisa suya [conmutable por “abrazo” o cualquier otra] te da fuerzas para seguir adelante”. Vale, mientras no sea un diablo que te saca más lágrimas que risas.
- “Sí compensa, pero el porqué es algo que no se puede explicar. Hay que vivirlo (si quieres vivirlo)”. Nada que argumentar ante esto.
Entonces, ¿compensa o no? (con “compensar” me refiero a algo emocional, obviamente, no material). Mi teoría:
- Te compensa si: quieres experimentar ese tipo de amor, siendo plenamente consciente del INMENSO sacrificio que conlleva. A pesar de la inestabilidad, las noches en vela o el miedo al futuro.
- No te compensa si: a) tu salud mental pende de un hilo, como es mi caso; b) no te gustan los niños, ni los adolescentes ni las personas en general; o c) tienes meridianamente claro que tu desarrollo personal y tu autocuidado están por encima de todo, y nada ni nadie le deben quitar espacio a eso.
Los hijos antes se tenían y ni te planteabas si querías ser madre o no. Ahora, si los tienes por cualquier motivo que sea distinto a ese deseo irreprimible y real de tener hijos, sentirás que no compensa tarde o temprano. Porque la vida es dura y el sistema, lejos de acompañar o apoyar, te machaca continuamente.