El ataque de los diminutivos

 

Tengo una teoría: están los psicópatas de toda la vida, de los que matan y saludan a sus vecinos y luego están los que solo hablan con diminutivos. ¡Esos son los peligrosos de verdad!

A ver, que todos usamos diminutivos de vez en cuando, y no pasa nada, pero hay determinadas personas que no saben lo que es usar una palabra sin hacerla pequeña.

Tenemos un grupo de personas que trabajan cara al público y piensan que si todo es diminutivo, te enfadarás menos. Así que te dicen cosas como: lo arreglo en un segundito, un momentito y estoy con usted, esta prenda da tallita, este pantalón es grandecito, etc. Sinceramente creo que sufren el síndrome de Ned Flanders. De  otra forma no se entiende, la verdad.

Y  ¿qué decir de las parejitas bebé? Las reconoceréis rápidamente porque además de hablarse sólo con diminutivos, utilizan expresiones del tipo: mi vidita, cariñito, cielito, peque, cosita, bebé (no es un diminutivo, pero merece ser mencionada) o bebito/a, gordito/a, entre otras lindezas, hablan entre sí como si tuviesen tres años. Cuando van a pedir algo de comer y le dice uno a otro: ¡eto guta a ti! o ¡qué rico bebé! Yo ahí reconozco que siento entre ganas de morirme y ganas de matarlos. También es importante tener en cuenta que estos especímenes sólo usan colores pastel en su vida; las cosas serán azulitas, rositas, verdecitas o amarillitas, bajo ningún concepto utilizarán un color sin diminutivo: JAMÁS.

El último grupo con el que tener cuidado, puede venir al evolucionar el anterior: son los padrecitos y madrecitas. Educan a sus hijos en el diminutivo total. De hecho, creo que esas criaturas crecen sin saber que las palabras reales no son así. Además, suelen tener la característica común de que creen en la crianza y educación de los hijos sin reñirles en ningún momento. Así que, tienes que escucharles decir: cariñito, no hagas eso que te vas a hacer pupita; cielito, no le tires del pelito a esa nena, por favor; cosita, no puedes comer eso, te dolerá la tripita, etc. Lo cual ya me parece duro, pero lo más duro es ver cómo sus vástagos molestan en algún sitio y no les riñen porque dicen que tienen que ser libres para experimentar. Y ahí tienes a los pobres camareros  esquivando cafres mientras llevan la bandeja llena de cosas. Y cuidado con llamarles la atención porque te avasallarán porque estás coartando la libertad de su criaturita, aunque sea su criaturita la culpable del malestar de un bar entero.

Estos son los grandes grupos que he identificado después de años de observación, así que, tened cuidadito con esta gentecita que están muy cerquita de vosotros. ¡Para mí es tarde, salvaros vosotros!

Ana Ferrer

@ferrermayor