Hay cosas que están tan normalizadas que ni nos damos cuenta de lo tóxicas que son, como es el chantaje emocional que se le hace a los niños. Los adultos tienen la manía de sobornar a los peques para conseguir muestras de cariño, y como es algo que se lleva haciendo desde siempre pues no está mal visto.
Pero es que el ser humano ha evolucionado, y las formas de crianza también. Antes se mojaba el chupete en anís para que el niño durmiera mejor o se empezaba con la alimentación complementaria a los tres meses de vida. Son cosas que ahora nos parecen barbaridades.
¿Entonces, por qué seguimos manipulando a los niños para que nos den un besito o un abrazo? Es una cosa que, como madre, no soporto, que le hagan chantaje a mis hijos para que les den una muestra de cariño. Me podéis decir que exagero, que sobreprotejo a mis hijos, o lo que queráis, pero es algo que no tolero.

“Te he traído un regalo, pero hasta que no me des un abrazo no te lo doy.”
Esa frase, que parece inocente, me revuelve por dentro. Porque lo más grave es que no viene de un desconocido: suele salir de la boca de un familiar, de su propia abuela, de una tía o de una amiga cercana a los padres. Personas que quieren a los niños, pero que no son conscientes de lo que están transmitiendo con ese tipo de conductas.
A mí me pasa una cosa y es que cada vez que oigo ese tipo de frases hacia mis hijos, se me llevan los demonios. Y ya no me callo. Me da igual que sea mi madre la que intenta manipular a mi hijo, me da igual que me tache de exagerada o que me diga que eso se ha hecho así de toda la vida y hemos salido bien. Pues con mis hijos no.
Que me tilden de intensa, de loca o de lo que quieran, pero yo a mis hijos les estoy enseñando algo muy valioso: saber decir no. Les enseño que nadie tiene derecho sobre su cuerpo, que el cariño se da cuando te apetece y no porque alguien te lo exija. Que un abrazo solo vale si sale de dentro.

Porque obligar a un niño a dar un beso cuando no le nace, no es “que sean educados”, es enseñarle a ceder ante la presión de los demás, a prestar su cuerpo para no incomodar a otro. Porque obligando a los niños a hacer algo que no quieren como dar un beso, le estás enseñando a prestar tu cuerpo cuando no te apetece.
Se empieza por un abrazo de niños y cuando somos adultos nos dejamos hacer con tal de complacer o de no hacer enfadar a la otra persona.
Y lo peor es que muchos adultos no lo entienden porque a ellos también se lo hicieron. Crecieron escuchando frases como “dale un beso al tío” o “saluda, que si no pareces maleducado”. Así nos educaron a nosotros: confundiendo cariño con obligación, y límites con mala educación.
“Si me das un beso, te pongo los dibujos.”
Si lo trasladamos al mundo adulto, la cosa cambia. Imagina que tu pareja te dice: “Si no me das un beso ahora mismo, no te dejo ver Netflix”. ¿Suena romántico o suena manipulador? Pues exactamente eso mismo hacemos con los niños cuando les chantajeamos con abrazos y besos.

Hacemos cosas con los niños que con un adulto jamás haríamos. No creo que nadie se acerque a un señor que no conoce de nada y le diga “¡Pero qué guapo eres! ¡Qué ojos más bonitos tienes!”. O le acaricie el pelo sin permiso, y mucho menos pedirle un beso a cambio de un obsequio. Pero con los niños sí lo hacemos.
“Dale un besito a la abuela, que si no se pone triste.”
Y aquí llega el colmo de la manipulación: culpabilizar al niño para conseguir lo que tú quieres. No solo es un chantaje, es una clase magistral de cómo hacer sentir mal a alguien para obtener un beneficio. Me parece feo ofrecerle a un niño un regalo a cambio de un beso, pero decirle que te vas a ir triste porque no te lo da me parece directamente cruel. Por mí como si lloras, porque mi hijo no te va a dar un beso si le dices eso, porque no me da la gana.
Hay una diferencia enorme entre invitar a un niño al cariño y exigirlo. Puedes decirle “¿te apetece darme un abrazo?” y aceptar un “no” sin dramatizar. Eso también es amor. Porque el cariño que se da por obligación pierde su valor.
Cada vez que permitimos esos chantajes, les estamos enseñando que su “no” no vale y que para que te quieran tienes que complacer. Y no quiero eso para mis hijos.
Estamos criando a los adultos del mañana, y lo que hoy parece una tontería, mañana se convierte en una herida emocional. En esa persona que no sabe decir que no, que se siente culpable cuando no complace a los demás, o que cree que el afecto se gana haciendo lo que el otro espera.
Por eso, cuando me digan que exagero, cerraré los ojos y contaré hasta tres. Prefiero ser la madre exagerada que enseña a sus hijos a respetarse, antes que la que los educa a complacer. Así que no, mis hijos no te van a dar un beso si ellos no quieren hacerlo.
Porque el cariño no se pide, no se compra, no se negocia. El cariño se da cuando nace, cuando apetece, cuando el cuerpo dice que sí. Y eso, aunque algunos no lo entiendan, también es educación emocional.