Hace unos años, cuando era una veinteañera que aún creía en el amor de ese que sale en las comedias románticas, viví la experiencia más surrealista de mi vida con un tío.
Mi ultimo novio me había dejado por otra y yo aún no lo llevaba del todo bien. Así que, ante mi obligado estado de soltería, decidí que era hora de empezar pasármelo bien y comenzar a buscar candidatos con los que hacerlo. Y la clase del nuevo Máster que iba a cursar era un buen campo en el que intentar sembrar mis semillas. Llegué y tras observar un rato a los compañeros, me fijé en uno en concreto. Sinceramente, era el tío más guapo que recordaba haber conocido, con un rollito hipster que me volvía loca y para colmo no paraba de mirarme. Así que le convertí en mi próximo objetivo.

Esa tarde saqué su móvil del grupo de WhatsApp que hicimos todos los del máster y le escribí por privado para presentarme, con la excusa de pedirle un libro que habían recomendado en una de las asignaturas. Me dijo que solamente lo tenía en formato físico, y que me lo llevaría a clase al día siguiente. Pero la conversación no paró ahí, y dos horas después me dijo que, si me apetecía, me lo podía llevar a mi casa en un rato. Grité de emoción, había triunfado, amigas. Mi primer pinchito post ruptura venía en camino. Y qué pinchito aquel. Vi las estrellas, os lo juro. Ese tío era un máquina en la cama. Tanto es así, que cuando me propuso repetir al día siguiente, le dije que sí sin pensarlo dos veces. Y cuando me quise dar cuenta, estábamos pidiendo comida china y viendo Netflix en mi sofá dos semanas después de nuestro primer encuentro.
La verdad es que no tenía previsto meterme tan pronto en una relación. Me apetecía disfrutar, el plan era gozar de la soltería y conocer chicos. Pero este chico me había ganado la partida y ahora estaba enganchada a él. Parecía que íbamos en serio, aunque lo cierto es que siempre quedábamos en mi casa y me apetecía conocer un poco más de él. Así que le propuse que la próxima vez fuésemos a la suya. No le vi muy convencido, pero al final me dijo que sí.
Al día siguiente me preparé un pequeño neceser con mis cosas para pasar la noche allí y me presenté a la hora que me dijo. Era un piso pequeño, pero mono. Lo cierto es que me sorprendió el buen gusto con el que estaba decorado. Después de dejarnos llevar por la pasión, preparamos unas pizzas y nos pusimos una peli en el sofá.
Estábamos acurrucados bajo la manta cuando escucho que se abre la puerta de la casa y veo entrar a una chica que se queda cruzada de brazos y mirándonos con la boca abierta. Y lo primero que dijo fue: «¿Así que esta es la zorra por la que me has sustituido?». Me quedé de piedra, lo juro.

Después de eso comenzaron a discutir a gritos. Yo no entendía nada de lo que estaba ocurriendo y se me iba a salir el corazón por la boca. Me fui al dormitorio, recogí mis cosas lo más rápido que pude y salí de allí volando. Quise decir que me iba, pero la discusión era ya tan acalorada que creo que ni se dieron cuenta de que salía por el portón.
Supuse que me había tomado el pelo y tenía novia, y aunque estuvo llamándome toda la noche, no le cogí el móvil. Lloré como una condenada, no me podía creer que me hubiera pasado semejante cosa.
Si hubiera podido, no lo habría vuelto a ver en mi vida, pero desgraciadamente compartíamos Máster. Así que tuve que oír la explicación mas surrealista que podía esperar: la chica maleducada era su ex y no su novia. Habían roto hacía tres meses, pero como ninguno quería dejar el alquiler del piso, seguían viviendo ambos bajo el mismo techo e incluso durmiendo en la misma cama. Mi cara debió ser un poema cuando me pidió que tuviera paciencia y aceptase esta situación por el momento, ya que, según él, tenía un plan infalible: que repitiéramos la cita en su casa cada noche para fastidiar a la ex-novia y que se acabase marchando ella de la casa.

Aquello fue demasiado para mí, así que le dije que no quería continuar con lo nuestro y le deseé suerte con esa toxica convivencia que mantenía. Porque me encantaban las comedias románticas y me había sentido viviendo en una, pero desde luego no tenía ninguna intención de dejar que se convirtiera en una peli de terror.
Escrito por Carol M., basado en una historia real anónima.