¿En el cole de vuestros hijos también están pidiendo constantemente colaboración de los papás? Tengo un hijo de 5 años, que está cursando su último año de infantil, y en estos tres años que llevamos en la escuela, ya he perdido la cuenta de las veces que nos han pedido que vayamos a hacer alguna actividad al cole. ¡Y no hablo de un par de ocasiones especiales! No, aquí cada mes se les ocurre una nueva genialidad para la que, casualmente, necesitan la participación de los papás.

La cosa es más o menos así: en Halloween organizan una superfiesta terrorífica y, cómo no, piden que vayamos los padres a hacer juegos con los niños. Si sobrevives a eso, prepárate para Navidad, cuando la situación se repite con la diferencia de que además hay que llevar, al menos, un jersey navideño, y claro, ¿quién tiene que organizar la gincana navideña? Correcto, los papás otra vez. Después viene abril, el mes del Día del Libro, y adivina quién tiene que ir al cole a hacer cuentacuentos. Exacto, los papás otra vez.

Y, por si eso fuera poco, si tienes alguna habilidad, estás perdido porque a las profes les encanta que vayas al cole a mostrar lo que sabes hacer. Mi marido, por ejemplo, tiene la (mala) suerte de cantar rap, bueno, pues a la profesora de mi hijo no le faltó tiempo para invitarlo a dar una exhibición de rap en clase. Y allí que fue mi marido, micro en mano, cantando una canción de rap que él mismo había compuesto para la ocasión mientras los niños lo miraban alucinados. Breakdance, malabares, tocar el acordeón… si tienes alguna habilidad especial, prepárate, porque te va a tocar exhibirla en el cole.

Pero si te pensabas que ahí acababa la cosa, espera, que hay más. El colegio tiene un pequeño huerto, una idea encantadora, ¿verdad? ¡Hasta que te piden que vayas tú a cuidarlo! Que hay que plantar, podar o recolectar lo que sea, y claro, ¿quién va? Nosotros, los papás, que aparte de ser madres y padres, resulta que también somos jardineros amateur. Mi experiencia con plantas se limita a matar cactus en casa, pero ahí me tienes, con un azadón en mano, intentando no destrozar el huerto escolar.

Lo que más gracia me hace (nótese la ironía) es cuando, a mitad de curso, nos piden que vayamos a decorar el colegio con la temática del proyecto que están viendo los peques en ese momento. El año pasado me pasé dos semanas yendo al cole a pintar peces y pegarlos por las paredes porque los niños estaban estudiando los animales marinos. Dos semanas enteras, entre mi trabajo, la casa, y la vida en general, dedicando ratos a convertir el cole en un acuario gigante.

Y lo mejor de todo es que, cuando estaba buscando cole para mi hijo, fui a la jornada de puertas abiertas y me quedé impresionada con la decoración. Pensé: “Este cole sí que mola”. Lo que yo no sabía es que, un año después, esa decoración me iba a tocar hacerla a mí. ¡Qué ingenua fui!

Lo que no sé es si esto es algo de este colegio en particular o es que todos los coles de ahora son iguales. Porque, de verdad, no recuerdo que mi madre fuera a mi colegio a hacer absolutamente nada cuando yo era niña.

Y ojo, que las actividades me parecen divertidas, y seguro que son súper beneficiosas para los niños, pero una cosa es participar en algo ocasional y otra muy distinta es tener que pidan voluntarios al menos una vez al mes en algún evento o actividad.

Además, nadie parece tener en cuenta que la mayoría de madres y padres trabajamos fuera de casa. Las actividades que organizan siempre son de 9 de la mañana a 2 de la tarde, en horario escolar, justo cuando estamos trabajando. Entonces, ¿cómo se supone que debemos estar allí? Porque claro, siempre está la mamá o papá que parece estar disponible para todo. Esa mamá que es un misterio para mí: no sé si es ama de casa, freelance sin horarios o la CEO de su propia empresa, pero el caso es que está en todas las actividades. No falla.

El verdadero problema es que los niños se dan cuenta. Mi hijo, como muchos otros, se frustra porque la mamá de Fulanito viene siempre y la mía no. Y ahí me tienes, sintiéndome la peor madre del mundo, intentando explicarle que mamá trabaja y no puede ir. Al final acabas sacrificando un día de tus vacaciones para ir al cole a enseñar a los compañeros de tu hijo cómo hacer punto de cruz (aunque no tengas ni idea de coser). Porque lo importante es que él se sienta bien, aunque tú pierdas un día libre en el proceso.

El año que viene mi hijo pasa a primaria y todo será distinto. Ya no nos pedirán que vayamos a tantas cosas al cole, eso sí, me pasaré la tarde ayudando a mi hijo con los deberes.

Al final, de una forma o de otra, los papás estamos pringados. Y probablemente, cuando esté metida en casa con el mínimo común múltiplo, echaré de menos estos días de ir al cole a pintar peces en las paredes.