Aún tengo pesadillas.

Soy un desastre.

Almudena, te pido perdón.

Empezaré diciendo que soy desgraciadamente hetero, que he intentado liarme con chicas por las que creía sentirme atraída en distintas ocasiones, que todas han salido siempre mal y que nunca había llegado a ‘terminar la faena’ porque daba la batalla por perdida antes de tan siquiera coger el arma.

Hasta que llegó Almudena.

Almudena apareció una tarde tonta de verano semiconfinado en el pueblo de mis abuelos, nunca voy allí para absolutamente nada, pero bueno, después de ver el panorama que había en Madrid decidí hacerme la rural y me fui para estar allí un mes (aguanté cinco días).

Almudena es una chica bisexual que vive allí todo el año, según ella le molan más las tías, pero viviendo el pueblo poco chocho ha podido probar. Pues nada, mi abuela le ordenó que sacara por ahí a pasear para que no me aburriera y menudo desastre, la verdad.

No es que nos lleváramos mal, pero no congeniábamos, no había feeling, no fluía la conversación. ¿Cómo acabamos follando? Por aburrimiento, literalmente.

Estábamos las dos en el sótano de casa de sus padres, que es uno de los pocos sitios fresquitos del lugar, las dos sentadas sin hablar, mirando a la pared, tercer día. Me preguntó que si tenía novio, le dije que no. Silencio. Me preguntó que si era bi, le dije que no. Silencnio. Me preguntó que si alguna vez lo había hecho con alguna chica, le dije que no. Silencio. ¿Lo quieres hacer? Bueno, vale. Silencio.

Literalmente, desde el ‘bueno, vale’ hasta que hizo el primero movimiento pasaron como TRES MINUTOS. Se podían cortar cuchillos en el aire de lo TENSO que estaba todo. Se incorporó, me incorporé y empezamos a besarnos. PERO FATAL, O SEA, EL PEOR BESO DE MI VIDA. Besaba duro, tío. Ponía los labios como piedras, no metía lengua, NO SE MOVÍA. Que no digo yo ser experta besadora, pero colega, que MAL todo.

Bueno, de ahí pasamos a desnudarnos, no mutuamente, no. Aquí cada una se quitó lo suyo, nos quedamos las dos en bragas y sujetador una enfrente de la otra. Y NOS VOLVIMOS A QUEDAR QUIETAS. De verdad, quiero llorar cada vez que me acuerdo.

Tomé yo la iniciativa, aún no sé muy bien por qué, la agarré de la mano, la tumbé en el sofá cama, el abrí las piernas y me quedé mirando el percal. ¿Vosotras sabéis que es no tener ni puñetera idea de por dónde empezar? Pues eso.

Yo abrí aquello, aparté la fina tela, mi vi unos pliegues secos que me miraban desde abajo… Me armé de un valor que aún no sé de dónde saqué, me acerqué a la grieta aquella y empecé a chupar como un perrillo que bebe agua por beber… Es que yo sabía que lo estaba haciendo: MAL. Y encima mi colega no me ayudaba en NADA, es que ni un sonido emitió la tía, ahí quieta como palo.

Decidí hacerme Dora la Explorada y me atreví a abrir aquellas compuertas con las manos, mira, por lo menos maté la curiosidad de cómo se ve un coño ajeno de cerca. Empecé a apartar los labios con los dedos, a meter la lengua donde me parecía que tenía sentido, empecé a buscar el clítoris… Y NO LO ENCONTRÉ. 

He leído tantos memes de todo el mundo metiéndose con señoros que no encuentran el clítoris y ahora soy una de ellos. 

Que no estaba, os lo juro de verdad, que yo miré dónde tengo yo el mío y ahí no había nada, encima chupé en la zona por si acaso estaba oculto y la puta Almudena ni se inmutó colega. ¿Qué creéis que hice a continuación? Llorar, efectivamente.

Lo peor de todo es que no estoy de broma ni estoy exagerando, me puse literalmente a llorar. Estoy muy agobiada por muchas movidas externas a comer chochos sin saber y de repente me sobrecogió el llanto ahí. Me comí un coño mientras lloraba, por lo menos puedo decir que mojarlo, lo mojé.

De ahí todo fue (más) cuesta abajo. Sin decirle nada me levanté, me vestí y me fui. Me preguntó que si estaba bien, le grité (?) que no y me fui a cavar un agujero en el monte para enterrarme viva.

Llegué a casa de mis abuelos, me hice la maleta, me fui a comprar el billete para volver a casa ese mismo día, NO HABÍA BILLETES HASTA DENTRO DE 48H y me dediqué a no salir de mi casa. Confinadita otra vez, por no saber comer papos.

Escribo esto desde Madrid sin haber sido capaz de contárselo a nadie, por favor, decidme que no es para tanto.

 

Anónimo