Es una de las frases más repetidas, pero hay que darle una vuelta porque quizá no es tan acertada como parece. Está claro que el pelo del pubis tiene una función protectora de los genitales. Los posibles parásitos, las bacterias y demás se pegan al vello y así no entran directamente por la uretra. Es cierto que el porno de los 90 hizo estragos y que desde entonces se puso de moda lo de depilarse, pero en los 80 era justo lo contrario y no pasaba absolutamente nada.
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Ahora, parece que la depilación total es tendencia. Aparte de los riesgos de un aumento de las infecciones, está la parte estética que parece ser la única importante. Pues bien, ¿qué prefieres exactamente? La depilación total provoca que los genitales parezcan más apetecibles y que el sexo oral sea mucho más fácil.
En parte, es totalmente cierto, ya que hacer una felación, o un cunnilingus, y llenarse la boca de vellos provoca carraspera durante días y cierto rechazo. Pero por otra parte, quitárselo todo provoca infecciones y es peor el remedio que la enfermedad. ¿Cuál es entonces la medida justa?
Los profesionales indican que lo más adecuado es raparse el vello, eliminar el que está en las partes que van a ser lamidas y darle la forma que se desee. Y ahora es cuando comienza la historia.
Tenía un amigo en un pueblo de la sierra que no había estado nunca con una mujer. Vino a conocer a una del pueblo que tampoco se había estrenado. Hablamos de los años 80 donde para ver un coño tenías que ver una película del destape y para ver a un tío desnudo debías robarle una revista porno a tu hermano mayor, o a tu primo. Ambos veían este tipo de material a escondidas y encontraban normal llevar el vello púbico tal y como crecía.
Tras varios paseos por el campo, excursiones a la ciudad y demás, organizan un fin de semana para darles rienda suelta a sus pasiones. Se van a cenar, vuelven al hotel y ambos me contaban cómo fue la cosa. Decía él «¿te acuerdas del chiste del miope que se acuesta con una y ella se tapa con una colcha de esas de pelito y le pregunta: “María, ¿todo esto es coño?”, pues más o menos. Tenía pelos en las ingles, hasta el ombligo y por todas partes. Intentaba apartarlo y no había manera. Era una selva».
Ella añadía que «cuando lo vi en plan Tarzán me sorprendió. La polla casi se perdía entre tanto vello, lo apartaba y lo apartaba, pero es que tenía pelos hasta en la propia piel. Aquello era imposible». Se limitaron a follar y al día siguiente fueron a comprar una cuchilla para «quitarnos lo más gordo». Tras afeitarse, decidieron irse a pasear y a los 30 minutos comenzó aquello a picarles que parecía que tenían ladillas. Entraron en una farmacia a pedir algo y el mancebo les vendió polvos de talco.
Así pasaron el resto del día y, además, no les gustaba nada lo que veían. Desde ese momento, usan una tijera solo para eso y un peine. Se recortan una vez a la semana y parecen muy felices. ¿Tú eres más tipo Jane, tipo Tarzán, o tipo Nancy?