Os vengo a contar mi última aventura. Desde el anonimato os diré que no es el primer follodrama que envío a WeLoversize.
Una, que es muy fresca y le encanta adentrarse en los oscuros mundos del Tinder. Así que acabo recopilando historias como esta para no dormir.
En fin, al turrón.
Al protagonista de esta historia no lo saqué de Tinder sino de Badoo. Sí amigas, Badoo sigue más vivo que nunca. Cerdeamos desde el segundo día, porque yo no soy de las que le gusta perder el tiempo. Y tras unas noches de sexting satisfactorio decidimos quedar.
La cita fue en una terraza, y la química instantánea. A los dos se nos notaban las ganas locas de follarnos desde que nos vimos. Como vi que él no acababa de proponer, me lancé yo y le invité a mi casa.
Ya en mi sofá, los dos con el puntillo, nos empezamos a magrear cual teenagers. Cuando se quitó la mascarilla pensé que iba a morrearme al fin, pero no. Tras unos minutos de froti froti loco, nos desnudamos, saca el condón y dice:
- Yo follar sí, pero si te importa sin besos, que paso de pillar el Covid ahora.

Hostia, me quedé loca. Alguna me llamará imprudente, pero que alguien me explique si realmente cree que por no darme un beso pero sí meterme el pito, va a evitar que pille el bicho. ¡Al menos déjate la mascarilla puesta!
Bueno, la cosa es que acepté y echamos un polvo rarísimo en el que me sentí un poco Pretty Woman. Se me hace extrañísimo follar sin besar a la vez, a ratos no sabía ni donde mirar.
Yo ya estoy vacunada y ahora estoy esperando a que él le pongan la segunda dosis para ver si quedamos de nuevo, y esta vez incluye morreo… ¡follar sin besar es como barrer sin fregar!
Anónimo
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