FOLLODRAMA: LA TERCERA CITA.

 

A pesar de tener mil y una historias que contar, no me había decidido a compartirlas con vosotros hasta este momento, porque creedme, merece la pena.

El contexto que precede a este follodrama es mi decisión de aventurarme a ese magnífico y bizarro mundo de las Apps de citas hace un par de meses. Mucha morralla, mucho baboso y mucho de todo, pero como dicen que a veces hay agujas en pajares pues… decidí darle una oportunidad a ver si encontraba algo de mi gusto o que mereciese la pena.

Y llegó. Chico guapo, inteligente, bien posicionado (porque eso de la hipergamia está muy de moda y oye, ni tan mal, aunque no fue para nada factor que influyese en mi decisión de responder a su mensaje), bastante interesante en general.

Tardamos poco en pasar a una app de mensajería instantánea para hablar más de seguido y conocernos mejor y ya no paramos de hacerlo.

El tío tenía una conversación que cautivaba hasta a la chica con las defensas más férreas levantadas. No estoy hablando del típico “piquito de oro” o “comercial” porque eso se nota a leguas, hablo de una mente con mucho que ofrecer, de las que puedes llenar de contenido de calidad una buena conversación. Y en esa tesitura llevamos un par de meses.

Antes de esta cita tuvimos un par de ellas: la primera fue una buena cena y horas de conversación cautivadora. En la segunda fuimos a tomarnos unas cervezas, seguir conociéndonos y terminar alguna que otra hora en el asiento trasero de su coche en el que vivimos intensas sensaciones pero sin terminar cuadrúpeda perdida; vamos, que no hubo penetración.  Y a los días llega nuestra ansiada, fantaseada y prometedora tercera cita.

Con los antecedentes que llevábamos todo apuntaba a que iba a ser LA NOCHE. Lo había invitado a mi casa `a ver una película’; evidentemente bromeábamos con eso para no decir: oye, vamos a follar ya de una vez, por favor, que suena así como muy burdo y bastante poco erótico.

Vaya ansiedad que llevaba durante todo el día. Dejé la casa impecable y también a mí misma, sábanas limpias, todo perfumado y repasado… Y faltando media hora a que llegase se me ocurrió echarme una copita de mi vino preferido para calmar los nervios.

Y menos mal.

A todo esto, para que sintáis un poco mejor lo que yo sentí, tenéis que saber que justo esa noche mis vecinos de abajo tenían fiesta de cumpleaños por todo lo alto (y con alto quiero decir el nivel de la música y alcohol, porque hasta vibraba el suelo).

Me manda un mensaje diciéndome que tiene jaqueca (cosa que entendí sin problema porque sé que padece migrañas y lo fastidioso que puede ser), pero que le apetecía mucho verme y que iba a venir igual. Oye, pues bien. Punto para él. … O no.

Llega a mi casa en el punto álgido de la fiesta. Raw Alejandro y su punto 40 a voces limpias. Ilusa de mí que pensé que era una anticipación de lo que iba a ocurrir con eso de… “Quiero darte en four, en la silla, Ponla ‘e rodillas y olvida Te vo’a martillarte Como un reloj sin las manecilla’ Tú ‘tá bien pilla…”.

Entra por la puerta vestido de arriba abajo como un pincelito perfumado y atrayente cual caramelito y con mirada seductora. Se sienta en mi sofá, le sirvo una copa de vino también a él, empezamos a hablar y le veía cara de que algo no iba del todo bien. Le pregunte si quería que me vistiese y nos fuésemos a tomarnos algo fuera para quitarle todo ese escándalo de la fiesta y le doliese menos y me dijo que sí, que era buena idea.

De acuerdo, le dejo en el sofá y me voy a cambiarme de ropa a la habitación. Busco unos pantalones rápidos, una blusa graciosa y me estoy poniendo los calcetines cuando entra en la habitación. Me pone de pie, me agarra por la cintura y me dice susurrándome al oído:

  • He cambiado de idea, porque a donde vayamos va a seguir habiendo ruido así que… si el mejor remedio para el dolor de cabeza es un buen orgasmo….

Y empezó a comerme la boca como si no hubiese un mañana.

No os digo los segundos que tardé en mojar las bragas porque no me creeríais. Casi instantáneo de la de veces que había imaginado algo así con él.

Empieza a desvestirme y decido hacer lo mismo con él: le agarro el jersey con toda la pasión del mundo y de un tirón quise sacárselo por la cabeza y lazarlo, pero me paró a medio movimiento para sacárselo él: primero una manga, después otra y se lo sacó por la cabeza, todo muy bien hecho él. Pero bueno, no pasa nada… Le cojo el jersey y lo lanzo al primer mueble que intuí.

Me suelta instantáneamente y se va a coger el jersey…

  • Será verdad que vas a doblarlo…
  • Sí, es que salir de la casa con el jersey planchado y volver con el arrugado es un poco cantoso, ¿no? – dato importante: vive con sus padres-.

(Mi cabeza: ¿Y?) Por supuesto, me dio un ataque de risa de incredulidad.

Os confieso que me cortó bastante el rollo y la pasión, porque en esos momentos… ¿quién piensa en que se le va a arrugar la ropa? Aun así, decido obviarlo y volver a concentrarme en el tema. Sigue besándome, empieza a meterme mano y vuelve a decirme:

  • Estoy bastante desconcentrado, creo que hoy no va a ser el día…
  • A ver, no tenemos que hacer nada si te encuentras mal o no te apetece…
  • Bueno, pero ya tengo la mano dentro y no pienso sacarla de ahí.

Por mí perfecto, ya ves. Me tumbó en la cama, me besó y me tocó hasta que me corrí sin clemencia y al terminar nos pusimos cómodos en la cama a hablar.

Imaginaos la escena: yo desnuda y con un orgasmo reciente. Él con los vaqueros puestos a mi lado. Premio para la que acierte de qué empezamos a hablar, conversación que nos duró como dos horas….

Finanzas y negocios.

Qué romántico.  Después de ese tema seguimos hablando de cómo somos en una relación, que nos gustaba, que no, de sexo… Otra vez de negocios, de dinero, de su familia, de su madre…

SI llego a tener picha se me habría metido para dentro. Yo no podía parar de reírme ante lo surrealista de la conversación y de la cita en sí. Cuatro horas en mi cama charlando de esa guisa hasta que se hizo tarde y decidió vestirse e irse a casa.

Fue salir por la puerta y ponerme a reír sin parar y ahí me di cuenta de que esto, amigas, era una historia que contar.

Porque sí, a veces pasa. Y las cosas hay que dejar que fluyan y no forzarlas independientemente para que lado vayan, si al amor o a la amistad.

Dicho esto, voy a volver a abrir la app a ver qué próxima aventura me depara la vida. Ya os contaré.

 

Folk’o’Rica