No sé en qué momento me dio por empezar a mirar las ofertas de los jueves del Lidl, pero me pasó como en el anuncio: cuando hice pop ya no hubo stop. Espero no ser la única que ha vivido esta experiencia de obsesión.

¿Qué puedo decir? Me gusta más un chollo que a un niño un chupete. Si puedo gastarme 5 euros en vez de 7, yo feliz. Tampoco es cuestión de ser rata, ojo. Evidentemente los límites existen y todo es cuestión de la calidad-precio pero no voy a mentir, para estas cosas soy una señora bien, señora fetén. 

Empecé mirando las ofertas del Lidl en la revista que dejaban de publicidad en el buzón de mi edificio. En casa en cuanto vemos una revista la cogemos, vaya a ser que nos quedemos sin cotillear algo. El caso es que tuve una época de obsesión absoluta por las plantas. Terrible error teniendo en cuenta que casi no puedo mantenerme con vida yo, pero yo estaba super convencida de que comprarme una planta era lo que necesitaba para tener mi futuro claro. Mirando la revista pude ver que había plantas de oferta y dije «pues ya está, a comprarme una hortensia».

Fui a por la hortensia (la cual está muerta ahora mismo) y de paso me puse a golismear la zona de bazar. Justo esa semana no había nada que me interesase pero veía los precios y no paraba de pensar lo barato que estaba todo. Ese mismo viernes, en el buzón que os he comentado antes, ya estaba puesta la publicidad para la siguiente semana y me puse a ver la revista. Si no recuerdo mal me interesó un sistema de riego automático para las macetas que tenía forma de rana. Al par de días se lo quise enseñar a mi madre pero ya habíamos tirado la revista, entonces cometí el mayor error: entré a la web de Lidl y vi la revista online. 

Imagino que para este punto estaréis pensando cuál es el problema. Pues muy simple, que en la web muchas veces tienen el folleto de la semana próxima adelantado. Os juro que es adictivo, me pongo a mirar las ofertas y todo es pensar “mira, esto le serviría a no sé quién” y acabo haciendo captura de pantalla para ver si le interesa a alguien de mi entorno. Claro, mis pobres amigas tienen que aguantar una cruz conmigo.

Por una parte les viene muy bien porque les paso cosas que de verdad les puede interesar, pero tú imagina estar tranquila un lunes por la mañana, tomando tu café y que de repente te llegue una foto a WhatsApp con el mensaje de “tía, mira lo que tienen este jueves en el Lidl”. 

Pero eso no es lo mejor, ojo. Aquí el problema viene cuando realmente hay algo que me interesa mucho. Mi casa está andando del Lidl, así que la mayoría de veces que compraba algo de oferta era porque había tenido que ir a por algo específico y “de paso” había pillado lo otro. Hasta ahí lo mío con el dichoso supermercado era normal. Hasta que un día vi que sacaban de oferta algo que quería desde hacía mucho (no recuerdo qué era, la verdad) y cuando fui a las cinco de la tarde no quedaba NADA. Me entró una mala hostia que dije “por mi coño que esto no me pasa más.

Y vaya si no me ha vuelto a pasar. Me apunto todo lo que quiero, el día anterior me acuesto ya con la conciencia hecha de que a las nueve en punto tengo que estar en la misma puerta del Lidl. Mi madre se queda loquísima cuando me ve los jueves desayunando a las ocho menos cuarto de la mañana para así prepararme tranquila e irme andando hasta la otra punta del pueblo. En mi casa saben que a días de hoy tengo dos cosas completamente controladas: tiendas y mercados donde la ropa está a 1 euro y las ofertas de los jueves del Lidl.

Desde luego que si viviera en Estados Unidos estaría en el programa este de las mujeres que van al super con una carpeta llena de cupones y les sale la compra tirada de precio. Mi siguiente objetivo es conquistar los rastros, aún no he ido a ninguno pero en un par de meses seguro que estoy aquí hablando de ello.

Por cierto, ¡si os gustan los chollos tanto o más que a mí recordad que las chicas de WLS tienen un canal de telegram con unas ofertazas irresistibles! Te puedes unir aquí.

Rocío.

 

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